26 de enero de 2013 / 06:30 p.m.

Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI aseguró hoy que la falta de fe en los futuros esposos puede afectar la validez de un matrimonio católico y advirtió que la sola voluntad de los contrayentes de seguir las enseñanzas de la Iglesia no basta.

El pontífice hizo esta reflexión en su discurso ofrecido durante una audiencia concedida en el Palacio Apostólico del Vaticano a prelados auditores, oficiales y abogados del Tribunal de la Rota Romana, el organismo de la Santa Sede que atiende casos de nulidad matrimonial.

Con su declaración, el Papa Joseph Ratzinger tocó uno de los puntos más sensibles para los fieles católicos en la actualidad, en especial cuando la tasa de divorcios crece cada vez más, mientras el índice de matrimonios por la Iglesia se ha desplomado, sobre todo en Europa.

Mientras la Iglesia mantiene como base de su enseñanza que el sacramento de la unión conyugal es indisoluble y para toda la vida, cada vez son más los feligreses que pese a su voluntad de cumplir esos preceptos enfrentan fracasos matrimoniales.

En su mensaje constató que ante una boda religiosa, los sacerdotes no exigen al hombre y a la mujer que tengan fe, sino la única condición mínima necesaria es su intención manifiesta de cumplir los preceptos de la Iglesia.

Pero, aclaró, que "aunque sea importante no confundir el problema de la intención de aquel de la fe personal de los contrayentes, no es posible separarlos totalmente".

Ello porque en la actualidad la crisis de fe que afecta a varias partes del mundo trae consigo una crisis de la unión matrimonial, con todo la carga de sufrimiento y de incomodidad que esto comporta también para los hijos, indicó el pontífice.

"La cultura contemporánea, marcada por acentuado subjetivismo y relativismo ético y religioso, pone a la persona y a la familia frente a duras pruebas", apuntó.

Señaló que uno de esos desafíos es la duda generalizada sobre si el ser humano sea capaz de comprometerse y si un vínculo de por vida sea verdaderamente posible, corresponda a la naturaleza del hombre o, al contrario, esté en contraste con su libertad y con su autorrealización.

"Forma parte de una mentalidad difusa el pensar que la persona se encuentre a sí misma permaneciendo autónoma y entrando en contacto con el otro sólo mediante relaciones que pueden interrumpirse en cualquier momento", insistió el Papa.

Según el obispo de Roma, el vivir como si Dios no existe provoca un "desequilibrio profundo" en todas las relaciones del hombre y facilita la idea de que la libertad está unida a una fuga al soportar pacientemente los sufrimientos.

Pero eso condena al hombre a cerrarse en el egoísmo y en el egocentrismo, agregó.

Destacó el "precioso ejemplo" del sacrificio ofrecido por el cónyuge abandonado o que haya sufrido el divorcio que, reconociendo la indisolubilidad del vínculo matrimonial válido, logra no dejarse involucrar en una nueva unión.

Aclaró que sus consideraciones sobre la fe de los esposos no pretenden sugerir que se puede anular de manera automática el matrimonio de todos aquellos que alegan no creer.

Sostuvo que su objetivo es dejar en claro cómo la carencia de fe pueda, aunque no necesariamente, herir también al sacramento del matrimonio desde el momento que la referencia al orden natural querido por Dios es inherente al pacto conyugal.

NOTIMEX