10 de septiembre de 2014 / 03:44 a.m.

La gran pregunta para Floyd Mayweather Jr. esta semana no es cuán bien puede pelear, sino cuán bien puede leer.

No cabe duda que el argentino Marcos Maidana le complicó la vida la primera vez que se enfrentaron, tanto así que el sábado pelean por segunda ocasión. Pero ese combate parece ser otra cita de negocios para Mayweather, y quizás por eso a muchos en las redes sociales les interesó más un video en el que el boxeador aparece teniendo problemas para leer una cuña promocional de radio.

El otrora amigo de Mayweather, el rapero 50 Cent, ofreció incluso donar 750.000 dólares a una obra de caridad si el púgil podía leer en voz alta una página entera de un libro de Harry Potter. Entonces inició un debate sobre el nivel de alfabetización del campeón mundial, quien no terminó la escuela secundaria y respondió publicando copias de los cheques que recibió por sus dos últimas peleas.

"Lean esto $72,276,000.00", tuiteó Mayweather.

Mayweather habló sobre el tema la semana pasada en una conferencia telefónica con reporteros, señalando que le pagan por dar golpes otros, no por leer.

"Sería perfecto leyendo si así me ganase la vida", comentó. "De nuevo, la inteligencia y la educación son dos cosas distintas".

No es sorpresivo que la capacidad de Mayweather para leer, o mejor dicho sus problemas, sea un tema de discusión en las redes sociales. Es multimillonario y excéntrico, una combinación que lo convierte en un imán para los críticos. Y escucharlo mientras luchaba para leer palabras sencillas provocó más de una risa.

Pero ahora hay otra cosa que Mayweather tiene que tomar en cuenta, y no es nada graciosa. La semana pasada, su ex prometida lo demandó en un tribunal en Los Angeles, por un problema mucho más serio que sus problemas para leer.

Shantel Jackson alega en la demanda civil, radicada por su famosa abogada Gloria Allred, que Mayweather la humilló públicamente al publicar imágenes de un sonograma de su embarazo, y después alegar que ella abortó sus mellizos. Jackson también acusa a Mayweather de agredirla, y de mantenerla encerrada en su mansión en Las Vegas en algunos momentos de su relación de siete años.

Sin duda que cada historia tiene dos lados. Y no se trata de cargos criminales, algo que Mayweather conoce bien por sus problemas anteriores de violencia doméstica.

Se trata de un boxeador que pasó buena parte del verano de 2012 en una cárcel en Las Vegas por agredir a su ex novia frente a sus hijos. Mayweather alega que él fue una víctima del sistema legal, y se declaró culpable de delitos menores en vez de enfrentar un juicio que pudo haberlo sentenciado a una condena mucho más larga.

La demanda es un recordatorio de que realidad no siempre es como se ve en televisión, donde Mayweather aparece tirando fajos de billetes e invita a la gente a maravillarse con su colección de vehículos de lujo. La imagen de empresario que a Mayweather le encanta presentar es muy distinta de la que presenta Jackson en su demanda.

Mayweather no debe estar muy contento por ser retratado como un analfabeto que le pega a las mujeres, incluso cuando tiene que vender una pelea. Pero mientras siga negándose a enfrentar a Manny Pacquiao —el combate que todos los fanáticos del boxeo quieren ver— cualquier publicidad puede ser buena para vender la revancha con Maidana.

Mayweather y Saúl "Canelo" Alvarez fijaron un récord de dinero para su pelea de septiembre del año pasado, pero tuvo mucho que ver la popular del boxeador mexicano. En cambio, la primera pelea de Mayweather con el argentino Maidana, en mayo, fue un desastre de ventas de tal magnitud que Showtime ni siquiera anunció cuántas suscripciones vendió.

Para la revancha, Mayweather pone sobre la mesa sus títulos súper welter de la AMB y CMB, además de una corona welter, con la idea de convencer al público a pagar 74,95 dólares para verla. Showtime también comenzará la cartelera una hora más temprano para ver si atrae a más televidentes en la costa este de Estados Unidos.

Pero, quizás el problema es que mientras la gente más conoce a Mayweather, menos quiere verlo pelear.

AP