29 de marzo de 2013 / 02:11 p.m.

Francisco ofició en la cárcel romana de menores de Casal del Marmo la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, durante la cual lavó los pies a 12 jóvenes allí recluidos, entre ellos dos muchachas, una católica y otra musulmana, imitando lo hecho por Jesús con los apóstoles.

"“Esto es lo que Jesús nos enseña y esto es lo que yo hago. Es mi deber, me sale del corazón y amo hacerlo"”, dijo Bergoglio cuando se dispuso a lavar los pies a los 12 muchachos.

El pontífice aseguró que el lavatorio de los pies “es una caricia de Jesús” y subrayó: “"Entre nosotros quien está más alto debe estar al servicio de los otros y eso es lo que hago yo lavando los pies, un deber como obispo y como sacerdote”".

El obispo de Roma lavó arrodillado los pies, después los secó y los besó. Durante el intercambio de la paz, besó a los doce jóvenes. También dio personalmente la comunión.

Francisco dijo sentirse “feliz” entre los muchachos y afirmó que “las cosas del corazón son así”, y dirigiéndose directamente a ellos les comentó: “No se dejen robar la esperanza, siempre con la esperanza por delante, ¿entendido?”.

Los italianos son ocho y el resto son extranjeros, en su mayoría norafricanos y eslavos, así como un ecuatoriano.

La misa la ofició en la capilla del reformatorio y por expresa voluntad suya fue “muy sencilla”. Durante la homilía pidió a los muchachos olvidar las ofensas y dijo que las personas tienen que ayudarse entre sí.

"“Olviden los enfados y si les piden un favor, háganlo. Ayúdense los unos a los otros. Eso es lo que Jesús nos enseña, así se hace el bien"”, manifestó.

COMO APÓSTOLES

Después de la eucaristía, Francisco procedió al lavatorio de pies. Eligió a 12 jóvenes de diferentes credos y nacionalidades, dos eran mujeres —una italiana católica y una serbia musulmana—, otro gesto del Papa que llamó la atención, pues los apóstoles fueron hombres.

El pontífice se colocó para el lavatorio un delantal confeccionado por la Comunidad Villa San Francisco, del norte de Italia, que acoge a jóvenes con problemas familiares y personales, con hilos provenientes de Betania y Jericó, en Palestina.

Las lecturas de la misa y las plegarias corrieron a cargo de los jóvenes, quienes regalaron a Francisco un crucifijo y un reclinatorio de madera, fabricados por ellos en el taller de artesanía de Casal del Marmo.

El Papa les llevó los tradicionales huevos de Pascua y la Paloma Pascual, dulces que se comen en Italia durante esa festividad. Visto que se trata de un reformatorio de menores, el Vaticano no transmitió por televisión el acto.

Esta es la primera vez que un papa oficia la misa del Jueves Santo en una cárcel y no en la basílica de San Juan de Letrán, que es la catedral de Roma y de la que es titular como obispo de esa ciudad.

Como Francisco no ha tomado posesión de San Juan de Letrán, en un principio el Vaticano anunció que celebraría los oficios del Jueves Santo en la basílica de San Pedro, pero el pontífice prefirió hacerlo en el reformatorio de menores, donde se encuentran recluidos 46 jóvenes, de ellos 35 varones y 11 mujeres de entre 14 y 21 años.

HOMILÍA MATUTINA

Por la mañana, Francisco ofició en el Vaticano la Misa Crismal, en cuya homilía dijo que el sacerdote no puede ser un gestor, sino que tiene que salir a la “periferia”, donde “hay sufrimiento, sangre derramada, ceguera que desea ver, cautivos de tantos malos patrones.

"“No es en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas donde vamos a encontrar al Señor. Los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir pasando de uno a otro lleva a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a dar el Evangelio a los demás, a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada”", afirmó.

El Papa oficiará mañana en la basílica de san Pedro y por la noche presidirá en el Coliseo de Roma el Vía Crucis.

Cura poblano, hacia la santidad

El Papa ha reconocido las “virtudes heroicas”, primer paso hacia la santidad, del sacerdote poblano Moisés Lira Serafín, fundador de la Congregación de los Misioneros de la Caridad de María Inmaculada, informó ayer el Vaticano.

El pontífice autorizó a la Congregación para la Causa de los Santos que promulgara el decreto por el que se reconocen las “virtudes heroicas” —lo que supone que a partir de ahora se le otorgue el título de venerable—, durante la audiencia que concedió ayer al prefecto de dicha congregación, el cardenal Angelo Amato.

Moisés Lira Serafín, de los Misioneros del Espíritu Santo, nació en Tlatempa, Puebla, el 16 de septiembre de 1893, y falleció en la Ciudad de México el 25 de junio de 1950. Es uno de los fundadores de la Congregación de los Misioneros de la Caridad de María Inmaculada.

El camino hacia la santidad tiene varios escalones: el primero es venerable siervo de Dios, el segundo beato y el tercero santo. El primer título que se da a una persona muerta a la que se reconoce haber vivido las virtudes de manera heroica.

Para que un venerable sea beatificado es necesario que haya producido un milagro, y para que sea canonizado se requiere otro milagro por su intercesión que debe ocurrir después de ser proclamado beato.

— EFE