8 de abril de 2013 / 11:46 p.m.

Maira Pedraza Macías, encargada del área de Comunicación Social, detalló que niños y jóvenes que son atendidos en la institución despiertan muy temprano, ya que a las seis de la mañana sale un camión que lleva a cada uno a los diferentes hospitales donde reciben tratamiento.

 Ciudad de México • Miguelito tiene ocho años y cumplió uno en la Casa de la Amistad, donde recibe tratamiento contra el cáncer.

El pequeño es aficionado al futbol y disfruta jugar este deporte en sus ratos libres e imaginar que es uno de los goleadores de su equipo favorito, el América, o de la selección mexicana. Ese deporte, dijo, le ayuda a salir adelante y “olvidar ratos difíciles” en el hospital.

Afirmó que una de las formas en las que prefiere recuperar el ánimo es jugando con su amigo Pablito, otro niño que padece cáncer y es su compañero en la Casa de la Amistad.Es originario de Pachuca, Hidalgo, y cada día tiene que luchar contra la enfermedad; sin embargo, ve el mal que le aqueja de un modo muy natural y particular, ya que para él ya es normal estar “enfermito” y “no significa nada”, pues a pesar de las quimioterapias y demás tratamientos, busca sentirse bien y con mucho ánimo.

Al manifestarle a Miguelito que era un niño muy valiente al tomar todos sus medicamentos y terapias, contestó: “No siempre soy valiente, a veces, cuando me siento muy mal, me pongo a llorar, pero espero a sentirme mejor para jugar”.

En la fundación que atiende a Miguelito y su familia encontraron algo más que apoyo, ya que a pesar de estar lejos de su lugar de origen, de sentir la ausencia de sus hermanos y recordar su casa, aseguró ya no extrañarlos tanto al haber encontrado un lugar similar a su “hogar”.

En la institución les dieron un cuarto para el pequeño y su mamá, quien está a cargo de todas las actividades del niño y recibe ayuda de todo tipo: desde los tratamientos, hasta comida, hospedaje y lo necesario para atender sus necesidades básicas.

Por su parte, Miguelito pone mucho de su entusiasmo, ganas y valor, ya que se levanta desde las cinco de la mañana para prepararse y comenzar desde el amanecer la lucha que ha emprendido contra el cáncer.

Maira Pedraza Macías, encargada del área de Comunicación Social de la Casa de la Amistad, detalló que Miguelito y otros niños y jóvenes que son atendidos en la institución despiertan muy temprano, ya que a las seis de la mañana sale un camión que lleva a cada uno a los diferentes hospitales donde reciben tratamiento.

Los menores regresan alrededor de las dos de la tarde para comer en la fundación.Después llega el momento que Miguelito espera con tanta ansia cada día, ya que de ahí en adelante puede jugar, así retoma el ánimo y la alegría que le ayudan a continuar su lucha contra el padecimiento.

ÁNGELA CHÁVEZ