12 de febrero de 2013 / 02:29 p.m.

La educación de los hijos, sin duda alguna es prioridad de los padres y es en el hogar donde se desarrolla. Los padres deben de procurar siempre abarcar la formación del cuerpo, la mente y el espíritu.

Para ello, los padres deben de proveer un ambiente cálido y lleno de afecto en el hogar. La calidad del ambiente que rodee al niño contribuirá de manera decisiva al objetivo de ayudar al niño a formar su educación.

Si hablamos de ambientes, podemos mencionar como prioridad un ambiente emocional sano que estimule a los hijos una autonomía, seguridad y felicidad.

El amor sería un elemento clave para propiciar un ambiente familiar positivo.  Debe sentirse amado, y debe considerar que es el lugar donde puede expresar sus sentimientos en forma auténtica.

La aceptación a su persona, que incluye su físico y su forma de actuar, es otro elemento importante en un ambiente agradable. En un ambiente donde las formas comunes de relacionarse son la crítica, el castigo, la amenaza, la coerción y el chantaje, el crecimiento del niño se obstruye.

De la misma manera si continuamente tratamos con indiferencia a los niños haremos saber que ellos no son importantes para nadie. Si los tratamos con violencia lo volveremos inseguros. Y  si los sobreprotegemos los haremos, entonces un inútiles.

La clase de padres que el niño tenga y la clase de relaciones que sostenga con ellos sigue siendo los factores ambientales más importantes en la formación de su carácter.

Los padres adoptan regularmente cuatro estados  en la crianza de los hijos, veamos:

- La posición autoritaria:

Los padres autoritarios ejercen una ambiente controlador, exigente y castigador. Para ellos sólo lo perfecto está bien, el hacer siempre  bien las cosas debe ser un deber y cualquier “error” debe ser castigado. Este tipo de padre no deja ser autónomo a su hijo y le limita las experiencias que serían de aprendizaje a su hijo. El niño no aprenderá buenos hábitos y le hará frustrar su iniciativa.

-La posición pasiva:

El hijo logra hacer lo que le place sin que el padre ponga límites, y termina siendo víctima de los caprichos de su hijo. Por supuesto que no logra que el niño aprenda a poner límites y formar buenos hábitos.

-La posición circular:

Es una combinación de las dos anteriores, de pronto es tan exigente como permisivo.  Crea en el hijo confusión y desaciertos logrando que el niño no regule su conducta pues no sabe que se espera de él.

 -La posición positiva:

El ambiente que fomentan es el de respeto, cooperación,  tolerancia, y amor. Las reglas son claras y permiten que los hijos tengan un concepto claro de lo que pueden hacer y el porqué de ellas.

 Recuerde: El hogar es la primera escuela y allí es donde deben echarse los cimientos para que los hijos desarrollen buenos hábitos. La educación de los hijos debe de ser integral, no solo favorecer el intelecto, sino también desarrollar una moral sana y perseguir un comportamiento correcto, es nuestro deber.

El bienestar de los hijos depende de los hábitos de los padres. Si los padres no cumplen el deber de guiar a sus hijos, estos aceptarán naturalmente o malo y se apartarán de lo bueno. Lo que sean los padres, serán en gran medida los  hijos.

 Miriam Benítez González