28 de enero de 2013 / 03:28 p.m.

Si bien todos conocemos el dicho “"las palabras se las lleva el viento”", esto no siempre es cierto.

Las palabras en ocasiones dejan más marcas que las heridas físicas, ya que las heridas físicas, con el paso del tiempo se olvidan,  pero las palabras mantienen aún con los años su fuerza; positiva o destructiva.

Como padres a veces se piensa que no debemos estar dando palabras positivas a los hijos permanentemente, ya que eso podría envanecerlos y sería algo nocivo para ellos.

Enfatizamos la importancia de no utilizar palabras de reconocimiento y elogios a menos que los hijos obtengan resultados relevantes, ya sea al obtener un primer lugar, terminar una carrera, obtener algún premio, etc.

Hemos sido testigos de diálogos entre padres e hijos donde sin darse cuenta se lastima enormemente la autoestima de ellos.

Cuantos no hemos escuchado las siguientes declaraciones:

-Que tanto te arreglas si como quiera quedas igual.

- Hay hijita, con lo fea que eres ¿quién se fijará en ti?

- Eres un inútil, nunca puedes hacer nada bien.

- Siempre rompes todo, eres tan torpe

- No sirves para nada, ¡eres un holgazán!

O bien sin palabras y en reacciones muy comunes hoy en día, vemos como los padres nunca alaban a sus hijos o les dan palabras de reconocimiento, esto lo repiten hasta que llega el día en que traen una nota de 10, ahí si se les reconoce; entonces el hijo aprende que "“debe hacer"" algo sobresaliente para recibir palabras de reconocimiento por parte de sus padres.

Entonces al crecer, los hijos encuentran la manera para recibir palabras de aceptación que tanto necesitan: los grandes logros.

Esto se hace una búsqueda constante hasta llegar a adultos, tienen sed de palabras de aceptación. ¿De dónde proviene esa insaciable sed de logros? de la falta de palabras de aceptación de sus padres.  Los logros pueden motivar a una persona carente de aceptación personal, pero nunca pueden hacer que se sienta satisfecho.

¿Las palabras se las lleva el viento?

No, las personas sentirán exactamente lo mismo que cuando se las dijeron o quizá hasta un poco más.

Son voces contra las que muchas veces luchan los adultos durante toda su vida. Muchos son vencidos por esas palabras dolorosas.

Los familiares muchas veces elogian a la persona, los amigos  de igual manera en forma de aceptación les hacen ver sus virtudes, sin embargo eso no basta. Nunca será lo mismo lo que los hijos escuchan de familiares o amigos a lo que puede escuchar de usted  como padre.

Intente utilizar el poder de las palabras para elogiar a sus hijos, resalte sus virtudes y sus acciones en forma constante. No nos exige mayor esfuerzo ser positivos cuando expresamos opiniones sobre los hijos. Utilicemos las palabras adecuadas para expresar el valor que les otorgamos, siempre siendo éste un valor positivo.

Recuerde todo elogio, toda expresión positiva ayudan a construir la autoestima de los hijos, especialmente cuando son pequeños.

Muerte y vida están en poder de la lengua dice un proverbio bíblico, utilicemos la palabra para dar vida.

 Mtra. Miriam Benítez González