26 de agosto de 2013 / 07:53 p.m.

Incluso les  enseñamos a defenderse, a saber con quién recurrir en momentos de peligro y no ser víctimas del famoso bullyng .

Todo esto es parte de lo que llamamos autonomía, es decir queremos que nuestros hijos se basten a sí mismo en la medida de sus posibilidades. Que entre menos ayuda soliciten o necesiten es mejor.

Cuando los niños logran las metas que les establecimos, nos sentimos felices y entonces pensamos  que nuestros pequeños están creciendo, que ya no nos ocupan y que esto es bueno.

Pero, ¿Cuántos de nosotros nos hemos propuesto que nuestros hijos, en nuestra ausencia practiquen los valores que les hemos enseñado?

Regularmente cuando estamos presentes nuestros hijos son obedientes, respetan a sus hermanos, son ordenados, acuden cuando se les llama etc. Sin embargo cuando nos estamos presentes, ¿se portan de la misma manera?

Cuando los niños muestran conductas donde se observan que practican diferente tipos de valores y que no ocupan de nuestra presencia como adultos para marcarles o decirles que hacer o como proceder, entonces podemos decir que éstos logran una autonomía moral.

¿Autonomía moral? Sí, así como son autónomos o logran vestirse solos, guardar sus pertenencias, ser responsable  de sus uniformes, cuadernos etc. También existe esta autonomía: autonomía moral.

Esta autonomía moral, nos permite observar como los niños se van sumergiendo y participando de una sociedad de la cual ya forman parte.

Sabes cómo comportarse en reuniones  de adultos. Logran dominar su carácter, obedecen reglas de urbanidad sin necesidad de prometerles premios y entre otras cosas también dan consejos a los demás niños sobre porque deben comportarse de tal o cual forma.

Esto se va manifestando a través que pasan los años y los niños empiezan a comprender porque es necesario mostrar ciertas conductas. Pero podemos ayudarles  a que este proceso se dé en una mejor manera y de forma permanente,

Primero, como padres debemos actuar en forma coherente con nuestro decir, porque cómo podemos pedir a un niños que no mienta si a nuestra puerta llega un cobrador a tocar y nosotros decimos a nuestros hijos dile que no estoy.

O como lograr que los hijos sean honrados si él se da cuenta que nos dan cambio de más en el supermercado y nosotros decidimos no regresar éste aun y cuando sabemos que no es nuestro.

Los valores no se adquieren al enseñarles sus conceptos. No; hay que practicarlos.

Así entonces debemos dar ejemplo siempre, pero de igual forma podemos provocar situaciones donde nuestro hijo pueda tomar decisiones y mostrar las conductas que le hemos enseñado.

Dejemos que el elija sobre qué hacer si la maestra sale y sus compañeros empiezan a aventar papeles. Si el muestra una conducta correcta y no se deja influenciar por sus amigos, entonces nos damos cuenta que va adquiriendo autonomía moral.

También podemos cuestionarle sobre lo qué el haría en situaciones que vayamos viviendo, ejemplo: en la tienda nos dan cambio de más, cuestionarles ¿Qué hacemos?

Recordemos que este es un proceso que se va adquiriendo a medida que los niños crecen y no podemos forzar conductas mientras no logremos que éstos comprendan porque mostrar tal o cual conducta.

Y lo más importante; el ejemplo habla más que mil palabras, si queremos que sea autónomo moralmente, nosotros también debemos de serlo.

¡Vivamos nuestros valores!

Redacción