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7 de febrero de 2016 / 08:17 a.m.

Un autogol de David Navarro mediado el primer periodo y un tanto al final de Luis Suárez dieron la victoria al Barcelona en el Ciutat de València, en un partido en el que el equipo catalán no encontró la forma de superar con claridad a un rival que compitió y estuvo a la altura del partido.

Hasta la última jugada del choque, en la que llegó el 0-2, tuvo el Levante la oportunidad de igualar una contienda en la que supo poner en dificultades al Barcelona.

Al Levante le costó adaptarse al encuentro, pero cuando lo hizo complicó a su rival un partido en el que las diferencias no fueron las esperadas entre el primero y el último clasificado de la Liga española.

Los diez primeros minutos del Barcelona fueron asfixiantes para el Levante, que no encontraba la forma de salir de su parcela ante las constantes combinaciones en ataque de todo el equipo catalán.

Solo a partir de entonces se registró alguna tímida aproximación de los levantinistas a la meta de Claudio Bravo, que tocó su primer balón a los once minutos. Fue para realizar un saque de puerta.

Aunque sin tanta insistencia como al principio, el Barcelona mandaba claramente en el encuentro y en una penetración por la izquierda de Iniesta y Jordi Alba, el centro del lateral dio en la espalda del central local David Navarro y se coló en la portería de Mariño.

El gol igualó un poco el encuentro, no porque el equipo visitante cambiara, sino porque el conjunto local encontró al contragolpe los espacios que hasta entonces se le habían negado.

Fue en el último cuarto de hora del primer tiempo cuando el equipo valenciano dispuso de sus dos opciones de gol. La primera llegó en una falta lanzada por Verza, que salió alta, y la segunda, la más clara, en un contragolpe perfecto en el que Morales envió el balón al poste (m.38).

El Barcelona dominó claramente el juego en todo el primer periodo, aunque elaboró menos acciones de peligro de las habituales y el Levante se mostró con las ideas claras para frenar a su rival y tuvo opciones, por lo que creó y por lo que destruyó, de irse al descanso sin estar por detrás en el marcador.

Con la misma tónica del final del primer periodo dio comienzo el segundo, ya que el Levante no le perdió la cara al encuentro, generó algunos contragolpes peligrosos y su presión hacia que el Barcelona no se sintiera cómodo.

El planteamiento defensivo del Levante dificultaba el juego del Barcelona que, a pesar de estar casi siempre cerca del área de Mariño, no encontraba el hueco para lograr un segundo tanto que cerrara el encuentro.

El partido mantenía la tensión del marcador y mientras el Barcelona buscó más equilibrio con al entrada de Busquets, el Levante arriesgó al reforzar el centro del campo con Camarasa, pero perdió la intensidad de Deyverson al sustituirlo por Ghilas.

Cuando el partido se acercaba al final, el objetivo del Barcelona pasaba más por administrar la ventaja que por buscar el segundo tanto y los contragolpes de un Levante algo más ofensivo, se encontraban con una defensa barcelonista más protegida.

Con el Levante volcado, la última jugada del encuentro, en tiempo de prolongación, puso el 0-2 en el tanteador en un contragolpe resuelto por Luis Suárez.