21 de enero de 2013 / 04:23 p.m.

 

Regularmente como adultos, recurrimos a castigos corporales cuando los adolescentes o niños no obedecen las reglas establecidas.

En ocasiones discutimos con ellos, y en ese ir y venir de palabras les decimos cosas de las cuales después nos arrepentimos. En otras ocasiones preferimos dejar que ellos se salgan con la suya y así evitamos desgastes que creemos innecesarios.

Una llamada de atención inicia en un tono normal de voz, después se eleva el volumen gritando y terminando en agresiones físicas.

Esto es muy común entre los padres y los hijos, pero el castigo físico en la mayoría de las veces que se aplican son inapropiados. Así mismo cuando se utilizan gritos, insultos ofensas, afectan de gran manera  a los hijos.

¿Por qué regularmente acudimos a este tipo de castigos? El gritar o golpear, hace que el hijo cambie de manera inmediata su conducta y eso es lo que queremos, pero no es un aprendizaje, finalmente los padres a lo largo del tiempo  pierden su autoridad y los hijos dejan de respetarlos y obedecerlos.

La respuesta de los hijos a estos castigos es a través de gritos, malas conductas o refunfuños, y van formando en ellos la autoimagen que están construyendo, ya que piensan que realmente son malos, tontos, inútiles etc. y van a querer desquitarse o evitar a los adultos que lo castigaron.

Si estamos conscientes que el grito y el golpe no es la mejor manera de hacer que un hijo se discipline, ¿qué podemos hacer? La respuesta a esta pregunta es: instruirlos, enseñarles de una manera positiva y eficaz a corregir su mal comportamiento.

Los siguientes tips nos podrán ayudar a dar esa instrucción adecuada y mantener una relación cordial con los hijos.

-       Ser específico.

Debe de hacerle notar en forma específica a su hijo cuando actué en forma correcta y cuando muestre una conducta inapropiada.

Ejemplo: "“portarte bien”" es una frase que usamos cuando llevamos nuestro hijo a la escuela, pero es una frase que abarca mucho. Al ser específico debemos decir: No pelees, copia la tarea completa, muéstrate amigable etc. dependiendo de la conducta que quiere corregir.

 -       Ser congruente.

Mostrar al hijo la consecuencia de su conducta.

Ejemplo: Si no juegas de acuerdo a las reglas, tus amigos dejarán de invitarte a participar en él.

Cuando no copias la tarea, no la podrás realizar y eso bajará tus notas y no lograras ganar el premio prometido.

 -       Ser claro y concreto.

Debe tener claro cuál es la conducta que debe mejorar y cómo hacerlo.

Ejemplo: Debes ser ordenado. Mantén tu cuarto limpio, la ropa debe estar colgada en el closet, los zapatos en la repisa y los útiles en tu escritorio.

 -       Participar con él en sus aprendizajes.

Proporcione situaciones donde muestre el cambio de su conducta.

Ejemplo: La habitación esta desordenada, “vamos” a asearla. Ayudar lo mínimo y dejar que el sea quien decida donde se van acomodar las cosas.

Ejemplo: Hay mucha tarea para el fin de semana, “te ayudaré” a hacer los deberes escolares. Solo proporcionarle los útiles necesarios y que sea él quien realice la tarea.

 -       Ser positivo:

Expresando en forma permanente que se espera una conducta positiva del hijo.

Ejemplo: Mario puede hacer sus deberes escolares en forma puntual y limpia.

Juanita mantiene su uniforme limpio hasta el final de las clases, etc.

 -       Ser ejemplo:

Mostrar la conducta que desea que modifique su hijo. Sea el maestro de ellos.

Ejemplo: No debes mentir. Tocan a la puerta: es el cobrador, dile que no estoy.

Cuando les enseñamos en forma asertiva a mejorar sus conductas, ellos van construyendo una autonomía al mismo tiempo de aprender a respetar a los demás, logran insertarse en la sociedad y llevarse bien con otros.

Debe de mostrarle a su hijo que hizo bien e invitarlo a seguir haciéndolo, pero también indicarle que hizo mal y cómo debe corregirlo

Es más fácil enseñarles con amor y empatía que con castigos y gritos, así aprenderán a actuar con disciplina. Si desea que la conducta de su hijo mejore, no olvide ser constante, paciente y amable.

Miriam Benítez González