AGENCIAS
14 de junio de 2016 / 03:52 p.m.

Luego de cinco días de competición y después de que todos los equipos disputaron su primer encuentro, la Eurocopa de Francia sigue en la mira de las jefaturas de policías, bien por la amenaza terrorista o por la que representan los aficionados más violentos.

En un país en estado de emergencia desde los atentados yihadistas del pasado 13 de noviembre en París y a las puertas del Estadio de Francia de Saint Denis, a la Eurocopa le cuesta sacudirse el miedo a la amenaza.

El asesinato de dos policías en su domicilio de Magnanville, al norte de París, cometido por un individuo que afirmaba actuar en nombre del Estado Islámico (EI), ha repercutido en los ánimos por mucho que el primer ministro, Manuel Valls, pidiera que no se mezclara ese atentado con la seguridad en la Eurocopa.

"La amenaza está presente", señaló el jefe del Gobierno, que no logró espantar el fantasma que pesa sobre la Eurocopa desde sus inicios.

Según algunos medios, el autor de la masacre, Larossi Abballa, apelaba en un vídeo a convertir "la Eurocopa será un cementerio", una amenaza que enlaza directamente con los planes de atentar contra la competición que confesaron preparar algunos de los presuntos yihadistas arrestados en Bélgica.

Por si fuera poco, la fiesta del fútbol que debía ser la Eurocopa se ha visto también empañada por la batalla campal de los ultras rusos e ingleses del pasado sábado en Marsella, escenario del duelo entre ambos equipos.

Un aficionado inglés, apaleado por rusos el pasado sábado, sigue en estado crítico y, en total, 35 personas resultaron heridas.

En el terreno deportivo, esa jornada tuvo una primera consecuencia: el Comité de Disciplina de la UEFA descalificó a Rusia de la competición, aunque dejó en suspenso esa decisión a condición de que no se vuelvan a repetir los actos violentos dentro de los estadios atribuibles a los aficionados rusos.

Además, impuso a la federación rusa una multa de 150.000 euros, en virtud del expediente por actos violentos, conductas racistas y lanzamiento de bengalas en el interior del estadio Velódromo durante el partido.

La UEFA no entró a valorar los hechos que se produjeron en el exterior, en el centro de Marsella, jurisdicción de las autoridades francesas, que han criticado que las rusas no colaboraron para identificar y poder controlar a los grupos de radicales que viajaron a la Eurocopa.

Francia comenzó hoy a identificar a esos ultras,
que fueron detenidos y que serán sistemáticamente expulsados, según indicó el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.

Las autoridades galas no quieren que se repitan las imágenes bélicas de Marsella, por lo que han centrado su atención en los partidos que mañana y pasado se disputarán en Lens y Lille.

El motivo es que esas dos ciudades del norte de Francia, situadas a apenas 40 kilómetros, albergarán a las aficiones de Rusia e Inglaterra.

La primera se medirá en Lille mañana a Eslovaquia y, 24 horas más tarde, Inglaterra jugará contra Gales en Lens.

En las últimas horas se han registrado mensajes en las redes sociales que han hecho temer que ambas aficiones se hayan citado en esas ciudades para seguir la batalla que comenzaron en Marsella.

Por ello, las autoridades de la región anunciaron que los bares del centro de Lille cerrarán sus puertas de manera excepcional a medianoche el miércoles y el jueves y se desplegará un gran contingente policial para "saturar el espacio urbano" de agentes.

Esta medida se suma a la prohibición de venta de alcohol para llevar y de transportar bebidas alcohólicas que estará en vigor desde esta misma tarde hasta el viernes.

Además, se han suspendido las clases para evitar la amenaza a los menores.

Se calcula que entre 40.000 y 50.000 británicos, ingleses y galeses se trasladarán a Lens, una ciudad que apenas supera los 30.000 habitantes.

En Lille, unos 15.000 aficionados rusos presenciarán el partido de su selección. Una prueba de fuego para que la Eurocopa deje al fin atrás las amenazas