EFE
30 de mayo de 2016 / 04:28 p.m.

Francia confirmó anoche ante Camerún los mejores augurios, que es un equipo temible con dinamita arriba, pero al mismo tiempo refrendó sus peores presagios, que la zaga muestra preocupantes síntomas de debilidad ante la inminencia de la Eurocopa.

Hace apenas unas semanas casi todo era optimismo en Francia ante su gran cita como anfitrión de la Eurocopa, que esperan reconquistar 16 años después de aquel doblete mágico de la selección comandada por Zidane, que había conquistado ya el Mundial 1998.

La plenitud de la nueva generación comandada por Pogba y Griezmann dejaba en segundo plano la ausencia del madridista Benzema por sus líos judiciales, y sembraba esperanzas fundadas en el corazón de los "Bleus".

Pero las lesiones de Varane, sobre todo, y de Matthieu, además de la sanción por dopaje de Sakho, le han abierto una sima a Francia por el centro, en ese lugar donde es previsible que los delanteros de Alemania, España o Italia tengan menos misericordia que los tiernos cameruneses.

Como a lo largo de toda su preparación, Francia dejó algún rastro de equipo grande, contundente, con físico poderoso y capacidad combinatoria, pero siempre lastrado por su irregularidad.

Al igual que en anteriores amistosos, los franceses aparecieron y desaparecieron, jugaron a ráfagas, sin la continuidad necesaria para hacer temblar a sus rivales. Sin embargo, es imposible olvidar que han ganado siete de sus ocho últimos partidos, algunos de ellos ante rivales de postín, como la ahora maltrecha Holanda.

Francia encarriló el partido desde temprano, aunque solo tras haber visto cómo Camerún se adueñaba de la pelota y ponía a prueba a Lloris (capitán por quincuagésimo partido de su selección) con un tiro ajustado de Toko Ekambi.

A los 20 minutos, una arrancada fulgurante del incisivo extremo del Bayern de Munich Coman -de lo mejor de Francia- acabó con una volea bien ejecutada por Matuidi.

Solo dos minutos después, en una jugada muy similar al gol de Carrasco en la final de la Liga de Campeones, el ex del Granada Nyom entró con facilidad por la derecha del área gala y sirvió el balón a Aboubakar, que solo tuvo que empujar tras ganar la posición a Rami.

Pero Francia tiene un poderío que no le exige bordar el fútbol para crear ocasiones claras.

Casi de la nada, tras marcharse de un defensor en el callejón del ocho aunque algo alejado del área, Pogba le envió un cohete combado a Giroud que el nueve del Arsenal convirtió en una volea que dio la ventaja definitiva a los galos poco antes del descanso.

La segunda parte se escurría por el sumidero del carrusel de cambios, sin casi oportunidades reseñables, cuando los equipos decidieron despertar antes de que el árbitro los mandase a las duchas.

Primero fue Camerún, en una jugada un tanto esperpéntica, el que hurgó en la herida central de Francia, con un saque largo del portero que Koscielny no supo despejar y que Rami fue incapaz de controlar ante Choupo Moting, que transformó solo ante el portero.

Ya en el 90, en una falta lejanísima, Dimitri Payet recordó que pocos jugadores son capaces de chutar en Europa el balón parado como él, lo que sirvió a Francia para llevarse una sufrida victoria ante Camerún que no despeja incógnitas.

La conversación entre Koscielny y Rami (y sus caras) tras el partido no invitarán a la tranquilidad a los espectadores más atentos.