11 de noviembre de 2013 / 03:10 p.m.

Gritar es un recurso que empleamos los adultos para acaparar la atención de alguien. Gritamos sobre todo cuando queremos darle énfasis a las palabras o queremos demostrar autoridad sobre la persona a la que gritamos.

Los padres de familia usamos el grito para hacer que los chicos nos obedezcan y o hagan de forma inmediata. Esta estrategia utilizada no da resultado, por el contrario gritamos los papás y gritan los niños, nos molestamos por ello y salimos molestos ambos.

¿Por qué gritan los niños? ¿Porque gritamos los padres? ¿Cómo enseñarle a que me obedezca sin gritarle? ¿Cómo controlarme para no gritarle?

Debe estar claro en nuestra mente, que cuando gritamos, por más que  pronunciemos palabras no estamos comunicando nada, porque nuestros hijos se bloquean al momento de alzar nuestra voz, no quieren y no van a escucharnos nada de lo que  queramos decir.

Segundo al ser los padres quienes emitimos los gritos, solo logramos lastimar la autoestima de nuestros hijos, logramos que se sientan inútiles, pequeños e inútiles.

Cuando gritamos los pequeños tienden a retirarse de nuestra presencia y se cubren el rostro, esta acción les permite desde su punto de vista el protegerse de nosotros y evitar que los lastimemos, se bloquean y no están escuchando nada de lo que pronunciemos.

Después de esta acción y cuando dejamos de gritar, ellos vuelven a su conducta anterior y se vuelven más groseros o mas tercos con sus conductas que nos desagradan.

La razón de esta conducta de porque los niños no pueden escuchar lo que decimos y que están bloqueados, es precisamente porque no pueden realizar dos acciones a la vez, o nos escuchan o se protegen y definitivamente deciden protegerse.

Otra razón por la cual no debemos gritar, es porque ellos están acostumbrándose a hablar en volumen tan alto que cuando queramos volver a corregirlos, tendremos  que subir más el volumen y así los gritos se realizaran cada vez más altos, siendo un  cuento de nunca terminar.

La próxima vez que quieras mostrar autoridad, recuerda que no es necesario gritar, sino mantener tu decisión firme y ser constante con lo que indicas que se realice. Dejarles claro a tus hijos que esas son reglas que no se pueden violar y por eso deben de recibir una consecuencia, la cual se conversará en ese momento.

Reúnete con tu hijo y sin coraje de por medio, habla con él. Primero debes pedirle que te escuche y hablar  en forma pausada y que tu tuno de voz realmente se escuche sin alteraciones ni aumento en su volumen.

Si tu hijo empieza a gritar no subas tu el volumen de la voz, eso hará que siga el con su actitud, háblale firme y muy claro, para platicar y tomar decisiones no deben de gritarse.

 No olvides que gritarse es faltarse al respeto y nosotros no podemos hacer esto ya que siempre somos los ejemplos a seguir de nuestros hijos.

Miriam Benítez