3 de junio de 2013 / 05:20 p.m.

 

 Hemos definido, en el artículo anterior cada una de estos adjetivos.  También estamos de acuerdo que en ocasiones no sabemos como debemos de actuar ya que si de por si son situaciones muy difíciles, añadimos que cada uno de nuestros hijos son diferentes, reaccionan de manera distinta, tienen caracteres diferentes y son de edades diferentes. Ante esta situación estamos confusos sobre como actuar con ellos, pero ahora podemos entonces ir marcando la diferencia y la forma de reacción entre uno y otro.

 Si hablamos de la edad de la adolescencia, es común que se presenten dudas sobre la sexualidad, con preguntas simples como ¿Por qué  tengo pene? Hasta otras más complicadas: ¿cómo se tienen relaciones sexuales? ¿Qué tengo que hacer para evitar tener hijos? ¿A dónde me llevo a la novia para tener sexo? Ante estas preguntas ¿usted actuaría como amigo? Si retomamos la definición: Cuando se habla de amigo, se hace referencia a esa persona que no sólo comparte contigo los mejores momentos de tu vida sino también los peores, Así como compartir gustos, ropa, cosméticos, ninguno de los dos tiene prioridad para ejercer su liderazgo o autoridad siempre debe ser consensado la toma de decisiones. Para mantener esa amistad debemos de ser condescendientes en ocasiones y permitir que tu amigo sea quien se salga con la suya? dejando a un lado tu opinión.

Sería difícil en esa situación actuar como cómplice de ellos, y dar información como: Ve a tal motel, o usa tal marca de condones. Nos concretamos a dar información y valores, actuamos como guías meramente. Sería complicado actuar como amigo y estar enterados de su vida sexual. Por ello es importante en ese momento tomar el papel de guía y no de amigo.

  En cambio si una hija se acerca a nosotros diciéndonos que su novio la terminó por equis motivo, ¿Qué haría? ¿Proporcionar información de cómo superarlo? ¿Llamarle fuertemente la atención por no valorarse? ¿Ser entonces su autoridad cambiaría de alguna manera su dolor?

Definimos autoridad como: Su palabra no se cuestiona, se sigue al pie de la letra, sin importar que piensen o sienten los demás, de ninguna manera se informa las dificultades que se presenten para cumplir esa orden, solo se da y se debe realizar la acción citada.

 Todos recordamos como en esas ocasiones cuando fuimos abrazados por nuestros padres, consolados y fueron secadas nuestras lágrimas, ¿cómo nos sentimos entonces? Reconfortados, aunque tuviéramos dolor este menguaba porque ahí había refugio, había consuelo, había amor. ¿Los hijos sentirían los mismos si actuamos así con ellos? Por supuesto que si. ¿Serviría de algo ser su autoridad? Definitivamente la respuesta es no, en cambio es el momento de actuar como amigo, escucharlo, ser empático, y brindarle el apoyo que necesita en esa ocasión. Ante esta situación en definitivo debemos ser amigos.

¿Cuándo ser su autoridad? Hay situaciones muy claras donde debemos actuar como autoridad, enseñar y hacer valer esa enseñanza en un cumplimiento sin cuestionamientos, tal es el caso de la obediencia.

Cuando tenemos hijos pequeños, el tener una hora de dormir, comer, reglas para usar  los juguetes, traer amigos a casa etc. éstas deben ser obedecidas. No debemos dar explicación del por qué necesitamos que deban hacer tal o cual cosa. La obediencia es la primera lección que todo hijo debe aprender.

No hay negociación alguna para usar computadoras, o para comer en la sala de ver televisión o en el cuarto cuando ellos saben que solo tienen 1 hora para uso de internet o que la comida siempre se sirve en el comedor. Ahí es donde entra nuestro papel de autoridad.

Son diferentes situaciones ante las cuales sin duda alguna todo padre, ha pasado o puede pasar. Entonces ¿soy amigo, guía o autoridad de mi hijo? Como puede ver, no podemos fijar una postura determinante, debemos emplear y jugar los tres roles, en algunas ocasiones amigo, en otra guía y en otra autoridad.

No dude ante cual rol emprender, su amor de padre y madre le guiará a decidir cual es lo mejor ante esa situación.

Solo recuerde que es importante siempre decirles y hacerles sentir a los hijos, el gran amor que usted siente por ellos.

 Miriam Benítez González