AGENCIAS
22 de mayo de 2016 / 05:14 p.m.

El Barcelona ganó la Copa del Rey al Sevilla (2-0) en un partido agónico, con la expulsión de Javier Mascherano en la primera parte, la de Éver Banega en el minuto 90 y con un gol en la prórroga de Jordi Alba que, junto a otro de Neymar, sellaron un partido inmenso de Iniesta y Piqué, protagonistas absolutos del título que dio un doblete al cuadro azulgrana.

Los dos escribieron su nombre en la final con letras de oro. Ambos aguantaron a su equipo, que vivió en el alambre casi todo el partido por la desaparición de Mascherano que no pudo aprovechar el Sevilla. La culpa la tuvieron los dos jugadores azulgrana. Entre ambos, dieron la Copa al equipo de Luis Enrique.

La final de las esteladas, como posiblemente pase a la historia, no dejó un fútbol de bandera un día en el que apenas existió protagonismo para la enseña independentista. Todo lo contrario, pasó prácticamente inadvertida y sólo importó todo lo que pasó sobre el césped del estadio Vicente Calderón.

Esa ausencia de buen fútbol se compensó con el buen nivel de ambos equipos. Aunque el dato de los primeros 45 minutos es relevante, con sólo dos tiros a puerta en toda el acto inicial, sí que hubo nivel. Y es que Sevilla y Barcelona no son cualquier cosa. Son los campeones de la Liga Europa y de la Liga, respectivamente. Eso no lo consigue un don nadie.

Ya sobre el tapete, Unai Emery se llevó a los puntos la primera parte. Aunque el Barcelona intentó y casi siempre lo consiguió mantener la posesión de la pelota, fue el Sevilla el que dio siempre sensación de peligro.

Emery, ante la baja por sanción del francés Steven N'Zonzi, acertó retrasando al argentino Éver Banega. A un paso de marcharse al Inter de Milán, el centrocampista sevillista dio un recital durante un gran tramo del partido. Es mucho mejor con más visión de campo. Manejando los tiempos, con pases casi siempre acertados, aporta más que actuando como una especie de mediapunta.

Con Banega intratable, el Barcelona sólo encontró la inspiración en Andrés Iniesta, que está en un estado de forma salvaje a menos de un mes del inicio de la Eurocopa. Los únicos momentos brillantes del equipo de Luis Enrique al principio los protagonizó él. Suyo fue un pase a Luis Suárez magnífico, pero el uruguayo no aprovechó un resbalón de Rami para batir a Sergio Rico.

Su disparo, que se marchó fuera, junto a un cabezazo al final de Gerard Piqué, fue el único bagaje ofensivo del Barcelona en el primer periodo. Mientras, el Sevilla, muy bien colocado salió al contragolpe en muchas ocasiones con la velocidad de Kevin Gameiro, el tercer jugador que hay que nombrar por su estado de forma.

El francés protagonizó la jugada que marcó el partido. Ya en los primeros minutos anticipó lo que iba a pasar en una jugada sin trascendencia en la que se marchó por velocidad de Javier Mascherano, que a falta de diez minutos fue expulsado por agarrar al delantero sevillista cuando, de nuevo, se vio superado otra vez a la carrera.

Marc-André Ter Stegen evitó el gol de falta de Banega y el Barcelona, curiosamente, jugó sus mejores minutos con uno menos. Messi, Neymar y Luis Suárez, desaparecidos, ofrecieron pequeños brotes verdes a su afición. Pero era tarde. El daño estaba hecho. El Barcelona iba a sufrir en la segunda parte.

Ésta comenzó con un disparo al palo de Banega, que no bajó el nivel. Tenía la llave del choque, quería despedirse a lo grande y casi lo consiguió. La historia de la final depararía para él una despedida más triste en forma de expulsión. Pero, en ese momento, argentino estaba fino y el Barcelona no tenía la suerte de su lado.

Y es que tras la expulsión de Mascherano, llegó la lesión de Luis Suarez. El artífice del título de Liga desapareció del choque por un tirón muscular cuando quedaban 33 minutos. Rafinha salió al campo y, ahora sí, comenzó el acoso final sevillista.

El equipo de Luis Enrique se encomendó a Gerard Piqué, inmenso toda la noche. El central despejó todo lo que llegó al área de Ter Stegen. Fue un muro de hormigón infranqueable. Él solo se bastó para sostener al Barcelona.

La solidez de Piqué desesperó al Sevilla, que pese a su superioridad, no consiguió rematar a portería desde el disparo al palo de Banega. Los minutos fueron pasando e Iniesta, que estaba escribiendo su propia crónica estratosférica, provocó la expulsión de Banega en el minuto 90 y el partido volvió al principio, pero esta vez con una prórroga por delante.

El Sevilla perdió su oportunidad. Perdonó casi todo un periodo con un jugador más y lo pagó. Tardo en venirse abajo lo que tardó Messi en aparecer casi por primera vez con un pase de ensueño a Jordi Alba, que entró por la izquierda como una moto para batir a Sergio Rico a los seis minutos de la prórroga.

El golpe fue durísimo para los hombres de Emery. Ya no se levantaron. Pudieron hasta recibir más goles, pero Sergio Rico lo evitó con varios paradones. El segundo llegó por medio de Neymar, pero fue testimonial. La Copa es de Piqué y de Iniesta. La inmensidad de ambos en un choque lleno de incidentes (hasta se lesionó el árbitro), encumbró al Barcelona.