EDUARDO TORRES | @EDUTORRESR
21 de junio de 2017 / 05:22 p.m.

La voz popular y una parte importante del periodismo deportivo ha quedado consternado por la actuación de México esta tarde en la Copa Confederaciones: para muchos el hecho de haber enfrentado a Nueva Zelanda significaba una goleada segura.

México inició este partido con las clásicas rotaciones de Juan Carlos Osorio, desde el portero hasta el delantero hubo modificaciones. Con respecto al juego de Portugal solo repitieron Carlos Salcedo, Diego Reyes y Raúl Jiménez, el resto fueron jugadores diferentes.

El planteamiento táctico fue con una línea de tres defensores, adelante estaba Reyes como mediocentro con Giovani Dos Santos y Marco Fabián siendo interiores. Aquino y Damm ocuparon los carriles largos que se propusieron, Oribe Peralta y Raúl Jiménez fueron los encargados de ser los supuestos finalizadores en el centro del ataque.

México vs. Nueva Zelanda

La idea era correcta, Nueva Zelanda es un equipo que en el análisis previo regularmente tenía planes ligados al repliegue y luego depender de Rojas para la conducción y Wood como finalizador, y mayormente ese fue el plan de juego propuesto en esta ocasión, sin embargo la altura e intensidad de la presión comenzó a complicar la propuesta mexicana, no se podían tener posesiones largas y los emisores y receptores del balón parecían muy incómodos. Luego, no ayudaba tener a Diego Reyes como mediocentro, puesto aunque correctamente tiene capacidad de recuperar y ganar el juego aéreo lo que necesitaba México en ese momento era control, pases entre líneas y lectura de los movimientos en relación con los lejanos.

Antes de terminar la primera parte México perdía 0-1, las dudas y críticas eran muchas. Para la segunda mitad ya había dos cambios hechos: Salcedo por Moreno (lesión) y luego Héctor Herrera por Alanís, lo que ponía a Reyes como defensor y Herrera como volante. Las cosas comenzaban a equilibrarse y México empezó a notarse más adaptado al contexto de juego.

No fue un gran partido para la propuesta de ataque estático; Osorio modificó su plan de juego durante la segunda parte para aprovechar las transiciones pero siempre acompañados de varios jugadores. Nueva Zelanda seguía teniendo algunas oportunidades de peligro, pero comenzaban a ser más aisladas, al igual que la altura de la presión que se vio disminuida.

Javier Aquino tuvo un partido de 10 puntos, tanto en acarreo de balón como en pases para gol estuvo preciso, tenía el desborde adecuado que agitaba la defensa rival para que los delanteros centrales tuvieran oportunidades de realizar movimientos en línea, así cae el 1-1 de Jiménez. Pasados los minutos, de nuevo una conducción y desborde de Aquino puso un balón correcto para que Oribe Peralta recibiera en buena posición y pusiera el 2-1.

Lo de hoy fue un ejemplo de la “buena idea mal ejecutada” y Osorio debe estar muy conciente de eso, aunque para la segunda mitad se mejoró mucho (más allá de los dos goles) no se pueden ignorar los primeros 45 minutos.

Para muchos la gestión no es la adecuada, también es cierto que muchos desacreditan solo porque el estilo de juego no es popular en cuanto a ser vistoso, para el que le gustan los resultados nada más se puede quejar muy, muy, muy poco.

El siguiente partido de México será el próximo sábado a las 10:00 am frente a Rusia. ¿Quiénes serán los titulares? ¿Cuál será el plan de juego en función del rival? Con Osorio todas las respuestas son una gran interrogante.