9 de septiembre de 2013 / 06:22 p.m.

 

A los padres de familia nos cuesta creer que un hijo roba, y más cuando nos roba a nosotros mismos.

¿Qué nos pueden robar los hijos? ¿Será que si se considera robo, cuando somos sus padres y debemos de proveerles lo necesario?

Debemos de analizar primero que significa la palabra robar. Según el diccionario nos define como: Apropiarse de algo ajeno contra la voluntad de su dueño, generalmente utilizando la violencia.

Si nosotros no queremos por alguna razón que nuestro hijo o hija tenga ciertos objetos y ellos lo toman sin permiso nuestro, eso es robar.

Después de los dos o tres años, los niños saben que cosas son correctas y que no, ya que aunque no han formado su juicio moral, los adultos con gestos o palabras aprobamos  o reprobamos las acciones que realizan, entonces ellos saben que lo que deben y no deben de hacer,

Cuando esa apropiación de objetos inicia en la infancia, es frecuentemente por imitación, tal vez nosotros sin consciencia hemos tomado alguna pertenencia de otra persona sin pedirla. Eso lo notan los pequeños y lo imitan.

Ya en la adolescencia, aunque es una etapa de rebeldía y de retos es necesario observar si esta conducta se repite.

Cuando se apropian de objetos ajenos regularmente es por las siguientes causas:

- Querer demostrar a los padres que pueden hacer las cosas por ellos      mismos y que no tiene nada de malo correr riesgos más cuando no hay según ellos consecuencias.

-  Intentar aparentar “valentía” al correr riesgos y mostrar que no le tienen miedo a nadie.

- Buscar ser popular entre sus amigos, no solo por correr el riesgo y salir “victoriosos” también por lucir mejor o a la moda, ya que regularmente roban aparatos o prendas de vestir que los hacen aparentar populares.

- Encontrar cariño y aceptación, ya sea para con sus padres, o para con sus iguales.

- Sustituir la falta de cariño,  por pertenencia. Reemplazar una afectividad, el pertenecer a algún grupo o familia a tener una pertenencia, creyéndose satisfecho de poder tener una propiedad al no tener una afectividad.

- Asegurar una afectividad material a falta de cariño emocional.

- Muestra de problemas emocionales y de conducta.

 Lo recomendable es entonces que hables con tu hijo o hija en un momento donde no exista enojo o frustración por su conducta. No le llames ni ladrón ni ratero ya que no lo hace con el afán de sustraer para negociar con los productos, lo hace por las razones ya mencionadas.

Escucha las razones que dé al justificar su conducta, sensibilízale explicando que con esta conducta no solo se perjudica su reputación, también perjudica a otras personas.

Hazle saber que cuando una persona roba, la familia y los amigos pierden la confianza en ellos. Eso los alejará de los grupos que frecuente y lo harán siempre a un lado.

Muestra un interés genuino al escucharlo, otórgale cariño y confianza de tal forma que él se sienta seguro al tratar el tema y logre sincerarse.

 Después de hablar sobre el asunto no traigas el tema a colación cada que puedas, el asunto debe quedar en confiabilidad entre tu hijo y tu como padre. Evita así mismo regañar o sermonear sobre e robo cuando requiera corrección por otro comportamiento.

La confianza entre padre e hijo es lo más importante, se inteligente al tratar el presente problema y si la conducta de robar se repite otras veces es recomendable sopesar la idea de acudir a ayuda profesional.

 Miriam Benitez