17 de junio de 2013 / 05:33 p.m.

 

Durante estas fechas vivimos situaciones estresantes, ya que todos los estudiantes adolescentes buscan una oportunidad en las preparatorias o licenciaturas de las universidades públicas.

Son evaluaciones muy pesadas en las cuales deben ser asertivos y contestarlas a velocidad en tiempos establecidos, y eso pone nervioso a cualquier estudiante e incluso padre de familia.

Como padres de familia hasta ahora, hemos hecho lo mejor que estuvo en nuestras manos. Desde animarles hasta contratar asesorías personalizadas para que logre ese anhelada asignación al grado que sigue.

Pero, ¿Qué sucedería si después de tanto esfuerzo, nuestro hijo no fue aceptado? Nosotros mismos nos preguntamos ¿será que mi hijo no es inteligente o apto para cursar este nivel educativo? Y eso generalmente se trasmite a los hijos.

Es importante, ante estas situaciones ser empáticos con los chicos, ya que ellos mismos están confundidos sin saber porque no pasaron ese examen, están deprimidos porque hay compañeros con mas bajo promedio y si fueron aceptados, y encima se ponen tristes porque saben que sus padres sufrirán con ellos, esto los hace sentir muy mal.

El ser aceptado o no en una escuela muchas veces es usado por los padres para presumir que somos buenos padres, que sabemos educar a los hijos y que ellos son triunfadores porque son nuestro espejo.

O en otros casos les hacemos sentir que son lo peor como estudiantes, que no alcanzan los canones deseados por la sociedad; haciéndoles sentir unos inútiles.

Debemos olvidar todo esto y como padres, ayudarlos a reponerse de ese mal rato y aunque es una oportunidad muy grande, debemos iniciar una revaloración de otras posibilidades de estudio, la vida estudiantil no termina aquí.

Así mismo debemos de hacerles saber que un examen de admisión no mide la capacidad de quien lo sustenta, ya que existen muy variados factores que así lo prueban.

Los hijos deben de conocer estos factores, hacerles ver que los nervios pudieron impedirles rendir como debiera ser, incluso que los contenidos que vienen en los exámenes no siempre son acordes a los que ellos abarcan en sus estudios, que la escuela tiene que elegir muy pocos estudiantes en relación a la cantidad de alumnos examinados.

El hacerles sentir que el ser aceptados o no en una escuela, no es un etiqueta que les hace ser menos que sus compañeros. El diálogo con ellos es lo más importante en estos momentos.

Debemos ante esta situación ayudarles a comprender estas vivencias, reconociendo que son situaciones de la vida que tenemos que enfrentar, que estas experiencias aunque desagradables, son parte de aprendizajes.

Amarlos sobre todo más allá de lo que ahora vemos como un fracaso y hacerles sentir que estaremos con ellos a su lado para que sigan construyendo su vida.

 Miriam Benítez González