9 de diciembre de 2013 / 04:44 p.m.

Sabemos que los niños usan mucho su imaginación  así que inventan mil cosas, y no sabemos cuándo creerles. Por otro lado cuando los pequeños se sienten solos o que el cariño que reciben no es suficiente, empiezan a llamar la atención y entre otras cosas, pueden empezar a decir que les duele ciertas partes del cuerpo.

Por esas razones, como padres, en ocasiones decidimos no hacer caso y decirles cosas comunes como “ya se te pasará”, “no duele” “si te duermes se te va quitar” etc.

Pero  ¿si el dolor es verdadero y yo lo ignoro? Como padres debemos aprender a observar las actitudes, conductas y manifestaciones de los hijos.

Siempre estar atentos a como ellos reaccionen, ya que eso nos dará la pauta para conocer y no cegarnos a que ellos algunas veces mienten, pero de igual manera no porque nos sintamos cansados, o fastidiados; ignoremos a nuestros hijos ante sus quejas por dolor.

Si nuestros pequeños se quejan continuamente, o existe un apego excesivo a nuestra persona, así como rehusarse a realizar movimientos o rutinas donde deban desplazarse, debemos de ponerle atención ya que podrían ser síntomas de alerta.

Si es a través del llanto donde manifiesta dolor; o si es a través de palabras, quejándose del mismo; lo primero es observarle.

Algunas manifestaciones físicas son: un llanto más fuerte y consistente de lo habitual, está distraído, lento para realizar actividades. No quiere comer y si lo hace vomita, pareciera que está muy cansado. Esto definitivamente nos dice que el niño está enfermo.

Dentro de los cambios en el comportamiento podríamos observar los siguientes: El letargo o la irritabilidad, igual manera si muestre un cambio en el nivel de actividad.

De igual manera, si tienen poco o nada de energía. Duermen más de lo normal, y puede resultar difícil despertarlos para alimentarlos. Mientras están despiertos, están somnolientos o actúan con lentitud, no están alerta y no prestan atención a los estímulos visuales ni a los sonidos. El letargo puede desarrollarse muy lentamente, y a los padres les puede resultar dificultoso reconocerlo.

Su conducta debe cambiar ya sea que esté demasiado quieto, se frote o agarre la parte del cuerpo que dice que le duele o quiera que le abraces y sobes tu misma, ese es un síntoma de que algo pasa en su cuerpo.

Lo mejor será observarlo continuamente y cuando nos comunique que le duele algo, cuestionarle varias veces ¿Dónde? ¿Cuánto duele? ¿Cada cuándo te duele? Y si su respuesta es la misma cuando le preguntamos en diferentes circunstancias, entonces si le debemos creer.

Llevémosle a una revisión médica, recuerde que: más vale prevenir que lamentar.

 Miriam Benítez González