13 de marzo de 2013 / 08:58 p.m.

Muchas mañanas repetimos la misma acción, apresuramos a los niños a que tomen su cuasi desayuno. ¿Cuasi? Si, casi leche, un frasco de yogurth de la tienda con mucha azúcar, casi cereal, de preferencias las hojuelas que contengan mayor cantidad de azúcar, casi lonche, un pan con apenas una rebanada de jamón y casi jugo, que es el que viene empacado de la tienda con mucha azúcar. No hay tiempo de hacerlo más nutritivo.

Si a esto le añadimos que el niño no quiere despertarse temprano, puesto que ayer estuvimos en la fiesta del cumpleaños de la hermana hasta las 11:00 p.m., regresamos y hay que bañarlos y “"terminar"” la tarea que quedaba pendiente. Así entonces los niños no se quieren despertar para ir a la escuela.

Ahora van desvelados y mal alimentados, pero les exigimos que obtengan buenas notas. ¿Se le hace conocido este cuadro? México padece un gran problema en términos de sana alimentación y por consiguiente obesidad infantil. Más allá de las causas genéticas, que pueden dar origen a la obesidad, existen múltiples factores ambientales que pueden predisponer al niño a padecer esta enfermedad, como puede ser la tendencia de los padres a satisfacer en todo a los niños incluso con malos alimentos.

Muchos padres no reconocen la obesidad infantil como una enfermedad, aún hay creencia en el mito: “"Entre más gordo el muchacho, más sano es”".

Añadimos a esto que la mayoría de las madres de familia son productivas en el sector laboral, por lo tanto su tiempo esta dedicado a sus deberes profesionales, entonces están tan casadas que prefieren comprar alimentos preparados y enlatados.

¿Alguna razón para no consumir este tipo de alimentos? generalmente cuando los alimentos ya están cocinados, pierde una gran cantidad de nutrimentos y cada vez que se calientan abandonan buena parte de su aporte de vitaminas. 

Además de ello, para lograr conservarse y no echarse a perder, éstos platos son muy condimentados, contienen en mucha cantidad azúcar y sal ya que el sodio se utiliza como conservador, además hay que reconocer que las comidas preparadas no son tan nutritivas como las caseras.

Aunado a esto muchos padres utilizan la comida como una forma para premiar o agradar a sus hijos. Ya que un chocolate como premio constante nunca falla, y con frecuencia, se les permite comer lo que ellos quieren y no aquello que más les conviene en términos de salud.

Debemos de reconocer que la salud de los niños, no está en la escuela ni en las grandes industrias del comercio, la mala alimentación viene de la casa.

¿Entonces que cómo debo alimentar a mi hijo?

Primero, aunque no seamos expertas en nutrición, debemos comprar los alimentos sanos y que podamos preparar en forma rápida, asegurándonos de integrar en las comidas, todos los grupos de alimentos: leche y derivados; carnes, pescado y huevos; papas, legumbres y frutos secos; verduras y hortalizas; frutas; pan, pastas y cereales; y grasas, aceite y mantequilla en menor cantidad.

No tener al alcance de los niños frituras, galletas, dulces etc. Es importante no permitir que los niños caigan en la gula, y que estos alimentos sean proporcionados cuando se termine de comer, y no sean siempre utilizados como postres al final de la misma, el yogurt la fruta o las gelatinas son también buenas opciones.

Nunca llevar a los niños a la escuela sin desayunar. Ya que esta comida es fundamental, pues les da la dosis de energía que necesitan para comenzar el día. Tampoco comprar diariamente algo de la panadería o el café de la esquina, mejor comer en casa.

Una alimentación balanceada para nuestros hijos, debe ser la prioridad de nuestro papel como madres, preocúpate además de esto, por que tu hijo haga ejercicio, es importante que realice una actividad física, que corra, salte, patine, pasee en bicicleta, e incluso practique algún deporte, esto favorecerá su salud y lo mantendrá en el peso adecuado. Y la próxima vez, que estés en el súper mercado, piensa en alimentos sanos y no en alimentos preparados , no olvidemos que aunque implique más trabajo, más tiempo, los hijos merecen una sana alimentación y tu también.

Mtra. Miriam Benítez González