16 de enero de 2013 / 08:12 p.m.

La mayoría de  las ocasiones pensamos que si de enseñar se trata, es cuestión de un maestro.

Así que llegado el tiempo de que un niño inicie su comunicación a través del  lenguaje oral, pensamos que la educadora ha de ayudar a desarrollar éste  y  que ya hablará mejor cuando entre al Jardín de Niños.

Como padres en ocasiones desconocemos que somos nosotros quien tenemos el primer contacto de comunicación oral con ellos, por eso debemos considerar que cuando explicamos cosas, damos consignas, les formulamos cuestionamientos que en ocasiones no les permiten reflexionar y analizar las respuestas que nos darán, ya que en general realizamos “preguntas cerradas”.

Veamos un  claro ejemplo de ello:

Mamá: ¿Cómo te fue en la escuela hoy?

Niño: Bien

Mamá: ¿entregaste la tarea?

Niño: Sí

Mamá: ¿Qué hiciste en toda la mañana?

Niño: jugar con mi amigo Juan

Mamá: Ah que bien.

 Podemos leer que esta conversación es “de orden cognitivo bajo”.  Es decir que no le ha exigido ningún esfuerzo cognitivo, no le ha conducida a ninguna reflexión y no ha aumentado su conocimiento. Se trata de una conversación un poco artificial.

Si en lugar de estás “conversaciones” donde no permitimos que piensen lo que expresaran y que contesten solo en forma automática, les pedimos nos den un relato sobre algunas actividades, acontecimientos o experiencias relativos a la vida personal de los niños y niñas, en familia, fuera del ámbito escolar. Estos serían momentos de conversación general  y, desde un punto de vista discursivo, favorecería la explicación ordenada en el tiempo, el uso de los tiempos del pasado y los adverbios de situación en el tiempo y el espacio.

Relatar una experiencia propia a terceros exige un lenguaje desplegado y no dependiente del contexto, puesto que ni los hechos narrados, ni las situaciones, ni las personas referidas son conocidas de los demás; ello obliga necesariamente al uso de un lenguaje que comparte muchas de las características propias del escrito.

También es muy favorable preguntarle sobre las cosas que él conoce, cómo cree que se realizaron y cómo supo esta información. La explicación de conocimientos que algún niño o niña tiene y pone a disposición de la familia nos permite comprobar que los niños tienen mucha información acerca de los temas que les interesan y les ayudan a desarrollar su lenguaje oral.

Ahora no debemos olvidar, que debemos “problematizar” a nuestros niños, esta es otra situación que exige que comprendan que van hacer, y cómo lo van a solucionar, la toma de decisiones y su justificación para que los demás las acepten.  Es decir, hacerlos pensar, y esto lo hace  a través de  palabras, construyen expresiones y finalmente preguntarles ¿cómo piensas solucionarlo? , ¿Qué piensas hacer? ¿Por qué? etc. y dejar que se exprese con sus respuestas.

La expresión resolución de problemas está utilizada en un sentido amplio y general. ¿Cómo defenderemos nuestras propuestas para convencer? ¿Cómo argumentaremos las decisiones tomadas? Dejemos que nos den razones del por qué y el cómo.

También el habla puede ser objeto de aprendizaje. Los niños son sensibles muy pronto a la forma lingüística y, si se propicia, surgen reflexiones acerca de la idoneidad de las expresiones según las situaciones o los interlocutores. ¿Está bien dicho, de esta forma? ¿Cómo se llama...?.

No hay forma más precisa de aprender a “hablar” que el entablar conversaciones con los pequeños. Por ello recuerde, haga preguntas claras y nunca “cerradas”, permítale que reflexiones sobre lo que está contestando, cuando pronuncie en forma equivocada solo basta que le diga la forma correcta de pronunciar, no sermonee “así no se dice” , solo repita la forma correcta.

Háblele como una persona no como una mini persona. Abusamos de diminutivos tales como “vamos a la camita” “trae tus juguetitos” o llegamos más allá diciéndole que se llama Pedrito, Juanito, Pinni, Pequi etc. sólo llame las cosas en forma correcta.

 Recuerde que para favorecer desarrollo del lenguaje oral, como padres debemos hablar correctamente, y por favor  y lo más importante: dejemos que ellos se expresen. 

Miriam Benítez González