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16 de abril de 2016 / 11:52 a.m.

Parece que al delantero francés no le afecta en el campo su anunciada ausencia de la Eurocopa que se disputará este verano en su país. Tampoco a James le supera su habitual suplencia edulcorada por alguna titularidad esporádica. En el Coliseum ambos lo demostraron: el primero firmó un gol y dos asistencias y el segundo, otro tanto y un pase de gol. Pero, tal vez, fue Benzema quien estuvo un escalón por encima del resto.

Su buena actuación llegó poco después de la euforia que se desató en el club blanco tras el partido frente al Wolfsburgo y el emparejamiento con el Manchester City en las semifinales de la Liga de Campeones. Benzema se encargó de canalizar el buen momento merengue, que va hacia arriba y con ganas de tocar el cielo en alguna competición.

Tal vez ayudó que el rival que tenía enfrente apenas opuso resistencia a un paseo madridista. El estreno del hispanoargentino Juan Eduardo Esnáider en el banquillo azulón no trajo en su primer intento ningún revulsivo a un equipo deprimido. Antes del pitido inicial, el Getafe sumaba 12 encuentros seguidos sin conocer la victoria. Después de 90 minutos, alcanzó los 13.

Esnáider apenas tuvo tres días para entrenar a sus jugadores y tal vez por eso no hubo revulsivo. Ni siquiera se vio en las caras de sus jugadores ese carácter de luchador incansable que le caracterizó en su etapa de futbolista. Y cuando ni siquiera eso aparece frente a un equipo al alza como el Real Madrid, el resultado no podía ser bueno.

Zinedine Zidane, confiado, volvió a alinear en Liga por segunda jornada consecutiva a James y a Isco. Luka Modric, otra vez, como hizo frente al Eibar, se quedó en el banquillo. Y, otra vez, los planes no fueron negativos para el técnico francés. La jugada es simple: dos futbolistas de una calidad importantísima y con ganas de reivindicar la titularidad no pueden fallar. Y no lo hicieron.

Con el gobierno de ambos, el Real Madrid, sin demasiados alardes, fue comiendo terreno al equipo de Esnáider. Estaba claro que el gol iba a llegar y un tiro al poste de Cristiano fue el preludio del excepcional pase de James a Karim Benzema para inaugurar el marcador. El francés no falló y abrazó con razón al colombiano: medio gol era suyo.

Otra jugada iniciada por James pudo saciar el apetito de Cristiano, que chocó con Guaita en un disparo a bocajarro. Y, como poco antes, la oportunidad del portugués precedió al gol blanco para alegría de Isco, que culminó con clase una pared con Benzema justo antes del descanso.

El Getafe, que ni siquiera se había acercado a la portería de Keylor Navas, se marchó al vestuario derrotado. La suerte estaba echada y lo único que podía hacer el equipo de Esnáider era frenar la sangría para no sufrir un choque moral terrible antes de afrontar las últimas cinco jornadas, que serán decisivas en la lucha por la permanencia.

Pero el Real Madrid siguió a lo suyo. Sin alardes, pero con un juego correcto, mantuvo en jaque al Getafe hasta el tercer gol, obra de Gareth Bale, que con espacios pasa de ser un jugador bueno a ser un jugador excepcional. A la carrera, tras un pase de Benzema, otra vez Benzema, batió en un mano a mano a Guaita.

El tanto del galés no acabó con los sobresaltos. El Madrid, que dio descanso a Benzema, Carvajal y Bale, concedió una tregua que Pablo Sarabia aprovechó para marcar con un disparo desde fuera del área que sorprendió a Keylor Navas.

La tarde culminó con un tanto de James que coronó su actuación y con otro de Cristiano, que sació su hambre de gol. El Real Madrid ganó, se esforzó lo justo, no se lesionó nadie, algunos jugadores salieron reforzados y sumó tres puntos para acosar al Barcelona y asustar al Getafe, que cada jornada que pasa se acerca más a Segunda División.