19 de marzo de 2013 / 02:46 p.m.

La presión de los amigos siempre se presenta en las diferentes etapas de la vida, y es necesario superarlas para lograr madurar. Quién no recuerda las palabras de los amigos: “"Nadie se va enterar"”, “"Todos asistirán y si no vas, ya no te hablaremos"”, “"Si no lo haces, no podrás ser nuestro amigo"” etc.

Las amistades no siempre nos presionan para hacer cosas incorrectas, también nos animan a hacer cosas positivas, a esforzarnos en las actividades escolares, o deportivas, y a evitar hacer cosas que no son agradables, así que a veces las presiones son para realizar cosas positivas.

De la misma manera cuando los chicos están en grupo, existen presiones negativas, y estas acciones llevan a los hijos a tomar decisiones con consecuencias no agradables y con graves problemas. No solo se presionan a los chicos a acceder a desobedecer a padres, a reglas sociales, sino incluso a dañar su propio cuerpo. Desde robar, mentir hasta acceder a drogas y mantener actos sexuales.

Las influencias negativas y/o positivas siempre existirán, pero como padres podemos ayudarles a manejarlas. Para ellos debemos ganarnos la confianza de los hijos. ¿cómo?

Pasando tiempo con ellos, mientras más unidos estemos con ellos, menos influencia pueden tener los amigos sobre ellos.  El tiempo que dediquemos y la calidad de relación establecida, fortalecerá la confianza entre ambos, así debe ser una prioridad el darnos tiempo para convivir con ellos.

Busque las actividades que le gusten a su hijo, compártanlas y de esta forma entre más tiempo pasen juntos mayor la posibilidad que ellos le cuenten lo que está pasando y mayor oportunidad para aconsejarlos y combatir las presiones negativas de los amigos.

Otra forma de lograr contrarrestar esta presión es escuchándolos, no solo de hablarles, es conversar con ellos. Aproveche cada momento, cuando vaya por ellos a la escuela, en la hora de comida y sobre todo al momento de cenar o al acostarse donde puedan hacer una recapitulación de lo sucedido durante el día.

Podemos hacerles preguntas sin que ellos se sientan en medio de un interrogatorio, y al conversar evite que su plática se convierta en un sermón.  Evite mostrar rabia o enojo ante las situaciones que le cuenten ya que si los hijos temen su reacción, no estarán dispuestos a contarle sus problemas y no estaremos en posición de apoyarles.

Manténgase informado de dónde están sus hijos, siempre incúlqueles la costumbre de informarle dónde están y con quién,  e incluso qué están haciendo. No se trata de vigilarlos  estando encima de ellos todo el tiempo, pero si supervisar de esta manera sobre todo lo que realizan.

Deben de hacerle sentir responsables de sus actos, tener siempre un plan sobre todo lo que hará, donde incluyan cuando salgan de la casa, el cómo deben de regresar de la casa, con quién y cuándo.

Mantenga un acuerdo de conductas con sus hijos, si ellos cumplen usted mantenga consecuencias positivas pero, si ellos no cumplen debe mantener consecuencias negativas y afrontar las consecuencias.

Nos guste o no, los amigos siempre tendrán una influencia en la vida de los hijos, a veces buena, a veces negativa. Pero no olvide que como padres también tenemos influencia en las decisiones que toman diariamente nuestros hijos. Enseñémosles a reconocer las malas influencias y a saber reaccionar en forma positiva ante ellas.

Y si usted piensa que su hijo ya ha recibido mucha influencia de sus amigos,  no se desanime, nunca es tarde para comenzar a cambiar y mejorar las cosas.

Miriam Benítez González