EDUARDO ESPINOSA | CORTESÍA. LA AFICIÓN
26 de noviembre de 2017 / 10:19 p.m.

La Liguilla es un torneo donde los fuertes sobreviven. Aunque en algunas ocasiones algún equipo con suerte logra trascender en estas instancias. Pues bien, Cruz Azul ni fue fuerte ni fue suertudo, por eso se marcha de manera gris y decepcionante de esta fase final. Y queda el América, un equipo tan curtido y experimentado en estos menesteres, que solo hizo gala de oficio y empaque para deshacerse de La Máquina con el reglamento en la mano, con dos empates sin goles que le dieron el boleto a semifinales gracias a su mejor posición de la tabla.

Qué el América no fue espectacular, sí, es cierto, pero supo fraguar bien una estrategia para solventar las bajas con las que llegó a esta serie. Diezmado y todo detuvo la euforia celeste en 180 minutos y por ese mérito se ganó a todo pulso un lugar entre los mejores cuatro clubes.

Los años pesan y mucho. Cruz Azul se volvió ajeno a las Liguillas en los tres que estuvo lejos de ellas. Nunca supo cómo jugarle a América y por eso, en el que fue el último juego de Jémez, recibió una lección del que sí sabe dominar este arte.

OTRA VEZ MARCHESÍN

Los primeros minutos fueron una oda al tedio y la especulación. América, por sus numerosas bajas, plantó una línea de cinco defensores, tres medios y dos atacantes; más enfocado en contener y destruir, y si por ahí le caía un balón a Oribe Peralta o Silvio Romero que hicieran efectivo, pues negocio redondo.

En tanto, Paco Jémez apostó por repetir alineación, confiado en que sus jugadores ahora sí encontrarían los espacios para romper el cerco americanista. Nada más alejado de la realidad, pues de nuevo -como en la ida- La Máquina batalló en el último tercio de la cancha y sus mejores momentos otra vez fueron en pelota parada.

La primera media hora bien puede borrarse de la memoria de los aficionados, pues el juego ofrecido quedó muy por debajo de lo que uno esperaría de un clásico joven en Liguilla. Fue más la actitud cautelosa que los ánimos de ofender lo que prevaleció en ese lapso. Algunos tiros lejanos que ni siquiera llegaron hasta los porteros.

Sin embargo, todo cambió pasado este tramo del juego, al minuto 34 Cruz Azul tuvo una de las más clara del primer tiempo; en un tiro de esquina Felipe Mora se levantó en el área y conectó un cabezazo que salió justo a la posición de Marchesín, el guardameta hacía una gran parada.

América respondió casi de inmediato con un disparo de William da Silva que permitió un lucidor lance de Jesús Corona. El juego cobró relevancia y otra vez lo intentó La Máquina, ahora a través de Édgar Méndez con un zurdazo que se fue por arriba de la portería azulcrema.

En estos minutos ambos equipos se olvidaron de la especulación; era el momento de arriesgar más, sobre todo para La Máquina, a la que el tiempo se le empezaba a agotar. Y minutos antes de que concluyera la primera mitad, un centro al área de Baca encontró completamente solo a Martín Rodríguez; sin embargo, el chileno nunca se dio cuenta que tenía el tiempo para bajar y fusilar a Marche, y en vez de eso se precipitó queriendo habilitar a Méndez con un pechazo. Jugada desperdiciada de manera garrafal.

Cruz Azul ya había inclinado el partido a su favor y en su última aproximación del primer tiempo, Felipe Mora logró controlar una pelota en el área y sacó un derechazo que de manera milagrosa entre Guido Rodríguez y Marchesín lograron tapar. Otra vez el portero americanista se levantaba como la figura del partido al tapar dos goles cantados.

TODO O NADA

El segundo tiempo comenzó con un Cruz Azul dominador, pero era América el que tenía las mejores opciones. Primera Darwin y luego Oribe inquietaron la portería de Corona. A La Máquina lo empezaba a ahogar el cronómetro, Jémez lo sabía por eso metió a Martín Cauteruccio y a Christian Giménez por Flores y Baca; sí, al Chaco, el último caudillo del cruzazulismo.

Llegó para Cruz Azul el momento de matar o morir, mientras que el Piojo respondió con el ingreso de Renato Ibarra por un desaparecido Romero. Las cartas estaban sobre la mesa. La Máquina se iría encima y América buscaría aguantar y esperar un contragolpe.

Y éste casi llega al 77' cuando en una descolgada Samudio se llevó la pelota hasta lo linderos del área, pasó a Darwin, quien se quitó a Corona y sacó un centro que se paseó por la línea de gol y a la que llegó un segundo tarde Peralta.

El equipo del Piojo empezó a ser más punzante, cada contra llevaba una alta dosis de peligro. De lado de La Máquina había poca respuesta, como si la calificación no estuviera a un solo gol de distancia.

El juego entró en el terreno del drama, ése que tanto le duele a Cruz Azul. Vinieron los incesantes centros al área celestes y los electrizantes repliegues americanistas. Un gol era lo que necesitaba La Máquina de Jémez para no morir de nada. Tal vez devolverle a la historia una de tantas que le ha hecho en los últimos minutos. Pero no sucedió. La Máquina y sus fantasmas llegarán a los 20 años sin título en este diciembre. Su maldición sigue en pie y con los mínimos avances que dio en este semestre parece aún lejano que se rompa.

Y ahí sigue América, con su oficio interminable. Hay que ver si Tigres es tan inocente como La Máquina.

DP