11 de febrero de 2015 / 06:20 p.m.

Monterrey.- Hay quienes se juran amor eterno, pero como las palabras se las lleva el viento, prefieren probarlo grabándoselo en la piel.

Y es tanto el amor que los lleva a hacer locuras, y no es raro que se hagan un tatuaje con el nombre o incluso el rostro del ser que piensan amar para siempre, platica Robe Montoya, tatuador profesional.

Para esto son más audaces los hombres, aunque de cuando en cuando aparece una mujer.

"También hay mujeres que lo han pedido, pero me ha tocado que viene parejas y lo pide el hombre, tatúame mi nombre, las chavas lo piensan más".

Si la chica no quiere el tatuaje, dice Robe Montoya, prefiere no hacerlo. Porque el Tatuaje es para siempre, y dura mucho más que algunos amores.

Muchas veces y después de cantar "Amor Eterno", la siguiente canción es "el Amor Acaba", y es entonces cuando viene el dilema: ¿qué hacer con el tatuaje antes de que llegue otra pareja?

Hay que ser creativo para cubrirlos, sobre todo los nombres, pues los retratos tatuados pocas veces piden eliminarlos. El que se los tatúa, casi siempre tiene una relación larga.

"La mayoría, los que lo hacen están cien por ciento seguros, los que me han tocado que se arrepiente, son los nombres, pero me piden el nombre de la pareja cuando tiene dos semanas de novios".

La solución es modificar o arreglar el tatuaje con otro, más grande.

"Es difícil, pero si los tapo con otras imágenes, a veces no es con lo que quisieran, sino con lo que se adapten".

Y es que un nombre difícilmente lo puedes cambiar por otro, explica Robe Montoya, y más si son diametral y fonéticamente distintos. Por el contrario, los retratos se pueden modificar fácilmente.

"Yo como quiera te doy una alternativa, si un día ya no estés con tu pareja, lo disfrazamos de catrina y ya no se parecería tanto".

La princesa del cuento también se puede convertir en Zombi o en "la llorona", dice Robe Montoya.

Por eso es mejor pensarlo antes de tatuarse al que parece el amor de su vida. Muchas veces, el cuento de hadas que pretendió contar en un tatuaje se convierte en historia de terror.

FOTO: Archivo

FRANCISCO ZÚÑIGA