DIEGO ALEJANDRO REOS
10 de septiembre de 2016 / 11:34 p.m.

El momento para ver a Alan Pulido sobre el césped del Estadio Chivas tuvo que esperar. Fiel a su costumbre de no dejarse llevar por los nombres, Matías Almeyda no alineó de inicio a su nuevo artillero estrella y siguió dándole confianza al joven Ángel Zaldívar ante los Jaguares de Chiapas.

Aunque no fue titular y la afición no pudo corear su nombre cuando el sonido local del estadio recitó las alineaciones, bastó el más mínimo gesto para que Pulido despertara emociones entre la hinchada rojiblanca.

Antes de llegar a la banca, el nuevo artillero del chiverío platicaba con Oswaldo Alanís en los túneles del inmueble y tomó su tiempo para ocupar su lugar entre los suplentes. Ya en el banquillo, el ex de Tigres levantó su mano para saludar a la porra del Guadalajara y esta lo recibió con aplausos y gritos. Pocas veces un suplente despertó tanta alegría entre la gente del Rebaño.

Ya con dos goles a favor del Guadalajara y 59 minutos en el cronómetro llegó el momento esperado de la noche. Matías mandó llamar a Pulido y este caminó a media cancha para ingresar al terreno de juego, se estiró las medias y se persignó mientras el cuarto árbitro anunció el cambio.

La fiesta en las gradas comenzó desde que Pulido se quitó de encima la casaca azul que distingue a los suplentes, pero el bullicio aumentó en cuanto el sonido local anunció que Zaldívar cedería su puesto para que ingresara el nuevo ariete del cuadro tapatío.

Ya dentro de la cancha Pulido buscó una opción clara para quedar frente al marco de Liborio Sánchez, pero fue hasta el 70’ cuando por fin pudo disparar a portería; luego de encontrarse con un esférico que perdió Carlos Peña en los linderos del área, Pulido giró y sin mucho ángulo sacó un disparo que se fue desviado.

Parecía que la fiesta sería redonda al 75’, pero un fuera de lugar evitó que Alan se estrenara como goleador del chiverío. El atacante tomó la pelota en el corazón del área, se sacó de encima a Liborio y luego mandó la redonda a las redes. Después, antes de que explotaran las gargantas del estadio, el silbante César Arturo Ramos invalidó las acciones.

Los minutos avanzaron en el reloj y los espacios no se abrían para el atacante. A pesar de ello, cuando tomó la pelota no se empecinó en marcar y tocó para que sus compañeros pudieran general peligro, ejemplo de ello fue la pelota filtrada que puso a Orbelín Pineda para que este quedara frente a la cabaña chiapaneca.

Con el silbatazo final del nazareno llegaron los aplausos de una afición contenta por el triunfo colectivo del Guadalajara, sin embargo la fiesta individual de Pulido no pudo ser completa. Las redes del futbol mexicano todavía tendrán que esperar más para volver a tener un amorío con el ahora artillero rojiblanco.