Minelli Atayde | Enviada Chicago
10 de octubre de 2016 / 12:41 p.m.

Aquel 14 de octubre de 2015, Juan Carlos Osorio fue presentado como nuevo entrenador de la selección mexicana. Se terminó la era de Miguel Herrera, un tipo dicharachero, de trabajo, que había tenido buenos resultados al principio y que terminó con algunos problemas deportivos en la Copa Oro, aunque la ganó. Se fue por un problema extracancha.

Entonces, la incógnita sobre Osorio era saber cómo era, cómo trabajaría, cuál era su proyecto. En esa conferencia de prensa detalló y reflejó su trabajó y personalidad, basado en frases que para algunos eran un poco enredadas.

Pero eso se quedó a un lado por varios partidos. Ganó sus primeros duelos de la eliminatoria frente a El Salvador y Honduras, éste último en una plaza en la que no se había ganado en 50 años.

Y entonces, rompió las estadísticas, sumó diez partidos invictos y con ello se rompió la racha de 21 partidos sin perder que poseía Ricardo la Volpe en su era. Concretó 11 victorias consecutivas que en su momento impuso Manuel Lapuente en 1990. En fin, todo iba bien, hasta ese 7-0 que le metió Chile a México en la Copa América Centenario. Lo anterior quedó en el olvido. Aún hay rastros de ese dolor, y a muchos los ha hecho desconfiar de este proceso. Pero el colombiano no se fija en eso, prefiere seguir con el esfuerzo que le ha puesto a su paso con el Tricolor.

“Podemos resumir que ha sido un aprendizaje extraordinario, concretamente del futbol mexicano y de entender lo que significa la selección para los mexicanos. Lo más importante en lo personal, la gran oportunidad de convivir, conocer y aprender de todos los jugadores que han sido convocados”, dijo Osorio sobre el año que lleva al frente.

Enseguida, explicó que, “la gran oportunidad de dirigir una de las selecciones más reconocidas. El reto principal es el de seleccionar no tanto de entrenar y en ese aspecto ha sido enriquecedora la experiencia profesional. Tomar decisiones de una nación con tanto prestigio como la mexicana, me siento orgulloso de estar acá y ojalá estemos mucho tiempo logrando objetivos que tenemos”.

Por su puesto, se le recordó esas dudas que se han tenido sobre esta era, por aquello de aquel tropiezo dramático. Además, se le ha criticado por la rotación de jugadores entre partido y partido, algo poco habitual en el futbol mexicano, pero válido si da resultados.

“Lo más importante es convencer a los jugadores porque al final sea que yo esté al frente o no, los jugadores son quienes nos dan la posibilidad de alcanzar nuestros objetivos y algo que valoramos profundamente. La confianza y la credibilidad con los muchachos, por lo expresado con ellos en reuniones está intacta y eso para mí es el mayor valor. Las diferentes opiniones respetables, algunas valoradas y las demás ahí, aceptadas”.

Señaló que, “la afición mexicana quiere mucho a su selección y eso es lo más importante, lo mío es irrelevante y cualquier cosa puede llegar a darse, hay que estar preparados”.