RUBÉN GUERRERO ATILANO
6 de agosto de 2016 / 11:49 p.m.

Con el correr de las jornadas, Pumas se ha visto ligeramente más acoplado a la idea de lo que pretende Francisco Palencia en el terreno de juego, y pese a que anoche rindieron de mejor manera que la fecha anterior, sobre todo en el primer tiempo, el conjunto del Pedregal entró en pánico por cierto lapso del duelo, al estar en desventaja gran parte del complemento. La fortuna y la efectividad aparecieron en el cierre del partido, y los de la UNAM consumaron un empate por 2-2. Paco mantiene a su oncena sin conocer la derrota.

Francisco Palencia mandó a la cancha a su oncena que se ha convertido en habitual, con un 4-2-3-1 como esquema y guía para consumar un resultado positivo en un escenario complejo y hostil. Paco refrendó el voto de confianza sobre Jesús Gallardo como extremo por izquierda, pero fuera de eso, los mismos que ha tratado de consolidar desde que dio inicio el Apertura 2016. Se mantiene el suspenso con la lesión de Gerardo Alcoba y su ausencia en el campo; lo que parecía una simple molestia muscular durante el cierre de la pretemporada, le ha mermado para el primer cuarto del semestre.

Pumas inició mordiendo, apretando desde la salida del rival. Necaxa, urgido de puntos y ante su afición, tenía mayor prisa por desenvolver el juego a su favor; Palencia se paró de su banquillo apenas al tercer minuto del encuentro para indicarle la ubicación adecuada a Marcelo Alatorre. Al 6’, Universidad ya había conseguido su primer aviso serio, en un centro de Pablo Barrera, pasado para Eduardo Herrera. A velocidad, de meter fuerte la pierna, así transcurría el cotejo.

Necaxa no se amedrentaba con la estrategia ofensiva del rival, todo lo contrario, parecía que le motivaba. En los primeros 10 minutos, de nueva cuenta Alejandro Palacios salvó su arco y mantuvo el cero parcial, primero en un mano a mano y luego en un tiro de esquina. Ida y vuelta. Ambos se esmeraban y se notaba, el público reaccionaba ante la entrega. Los rojiblancos compensaban la falta de la tenencia de la pelota con vértigo cada vez que buscaban al chileno Edson Puch y a Claudio Riaño, mientras que Universidad construía sociedades desde la media y se fortalecía en la banda derecha; Javier Cortés recuperaba la pelota, la distribuía y casi siempre recurría a Pablo Barrera para desahogar.

Todo cambió instantes después, luego de que Edson Puch convirtiera en gol una pena máxima al 26’. El Victoria se convirtió en fiesta y la euforia estalló. Darío Verón derivó a Alejandro Díaz y Peñaloza no dudó en señalar el tiro de castigo. El tanto amplió la confianza del local… Aunque no por mucho. Al 35’, Eduardo Herrera se encargó de emparejar los cartones, gracias a una jugada colectiva en la que participaron Cortés, Barrera y Alatorre. El ‘15’ definió ganándole la marca a Mario de Luna. Empatados a un tanto y todo como en el principio.

Apenas había iniciado el segundo tiempo cuando Marcos González volvió a diferir el marcador. El zaguero se sumó al ataque y en un balón detenido, pudo conectar con la cabeza un balón que acabó en el fondo del arco de Alejandro Palacios. Golpe anímico y directo al marcador. Cuesta arriba para Pumas y a manufacturar contragolpes. Palencia intentó reaccionar y mandó a la cancha a Fidel Martínez, para tener mayor oportunidad por el extremo izquierdo. Paco se mecía los cabellos y pensaba, caminaba su área y daba instrucciones.

Necaxa ya no propuso, pero supo amarrarse atrás, aferrándose a una ventaja que le daba el triunfo. Pumas intentaba. Por sacrificio y garra, Palencia no podía recriminarle a los suyos; lo mismo subían para ser referencia ofensiva, que realizaban piques a máxima velocidad, para desbaratar opciones de peligro, aunque mínimas, para el enemigo. En la recta final del complemento, Palencia mandó a Saúl Berjón al campo, sustituyendo a Eduardo Herrera.

Pasaron los minutos y más allá de las intenciones, nada. En la cancha Pumas no lograba reflejar esa versión aguerrida del primer tiempo, que le hizo empatar con todo en contra. Incluso, el cierre del compromiso mostró a un cuadro sin idea, partido en distintas líneas y sin suficiente ambición. Pero, al 41’, cuando el duelo agonizaba, Fidel Martínez levantó la cabeza, localizó a Pablo Barrera en el área y este remató contundente de derecha. 2-2. Se silenció el Victoria y Universidad se marchó a casa con un punto más. Uno a base de enjundia.