FOTO Y TEXTO: AGUSTÍN MARTÍNEZ
6 de febrero de 2015 / 03:02 a.m.

Monterrey.- Los ojos se le llenan de lágrimas a la señora Adriana Cantú al recordar a su hija Samy, que a sus 18 años, fue privada de la libertad y asesinada en el municipio de Guadalupe.

La recuerda como una joven llena de vida y entusiasmo, cuyo pecado fue caer en el mundo de la drogadicción, del que intentó salir y rehabilitarse, pero no lo consiguió.

Rememora aquella tarde del 3 de diciembre de 2014, cuando visitó a dos amigos: Víctor y Gaby, quienes habitan en la colonia Valles del Sol, a corta distancia de su domicilio en la colonia Hacienda La Silla.

Víctor aseguraría que Samanta Briseida Moya Cantú se dirigió a una tienda de conveniencia a comprar unos analgésicos, y en el trayecto fue privada de la libertad.

"Salió de aquí de la casa. Iba a comer a la casa de un amigo, con su amiga, y ya no regresó. La secuestraron… se la llevaron", expresó la señora, quien trabaja como enfermera.

A partir de esos momentos, y luego de que Víctor le avisara de la desaparición de la joven, Cantú Flores vivió los momentos más angustiantes de su vida.

Presentó la denuncia; tocó puertas aquí y allá; la buscó con ayuda de familiares y amigos… trató de mover el cielo y la tierra, todo con tal de dar con la menor de sus tres hijas.

"Horrible… horrible. A nadie se lo deseo, a nadie. Yo tenía la esperanza de encontrar a mi hija con vida", comentó entre sollozos.

Cantú Flores lamentó la indiferencia de las autoridades pues, a pesar de que insistió, nunca la escucharon ni le dieron resultados en torno a la supuesta búsqueda de Samy.

"Si fuera la hija de una persona importante: De un político, del gobernador, ahí sí les hubiera dolido su hija. Ahí sí hubieran movido cielo, mar y tierra para encontrarla. Claro, como uno es pobre, no le hacen caso", aseveró en tono molesto.

En estos momentos de duelo, la señora Adriana sólo pide que la justicia haga por fin su trabajo, que investigue el caso y entregue resultados satisfactorios y contundentes.

"Al menos sé que mi hija va a descansar mejor y en paz, sabiendo que el culpable que le hizo eso a mi niña, pague por su culpa", puntualizó.

Samanta Briseida fue encontrada asesinada al mediodía del domingo 1 de febrero en un solitario lugar junto al río La Silla, cerca de las calles Zitácuaro y Tenochtitlán, en la colonia La Joya.

Presentaba diversos traumatismos y un disparo en la nuca. Los restos estaban ya en avanzadas condiciones de descomposición, por lo que fue necesario realizar pruebas de ADN para lograr la plena identificación.

El miércoles 4 de febrero fue sepultada en un panteón ubicado en los límites de Guadalupe y Villa Juárez.

Hasta el momento las autoridades desconocen el móvil del crimen y la identidad de las personas que lo llevaron a cabo.