RUBÉN GUERRERO
7 de abril de 2016 / 12:24 a.m.

Pumas tuvo otra cita en la Copa Libertadores. Una más, pero esta vez parecía definitiva. Lo fue. En la cancha del estadio Olímpico, los del Pedregal recibieron al Olimpia de Paraguay, en un duelo que además de tres puntos, en caso de triunfo, les garantizaba el liderato del séptimo sector en el certamen, así como el pase matemático a los octavos de final. Y lo logró. Se impusieron por contundente 3-1.

La estrategia de Pumas consistió en presionar, en sumar unidades al frente para probar continuamente a Diego Barreto, el arquero guaraní; con la sociedad de Matías Britos y Luis Quiñones, recargados por izquierda, inquietaron más de una ocasión a la zaga sudamericana. Los de casa apenas si tuvieron dificultades para contener a un rival incapaz de reflejar sus cualidades ofensivas.

Pero, al 20', en un balón detenido, apareció un viejo conocido del futbol mexicano. Un cobro de tiro libre, Cristian Riveros lo transformó en gol, al conectar el esférico con la cabeza dentro del área auriazul; fue un tanto que silenció al recinto. La anotación llegó cuando Pumas había dejado escapar la ventaja previamente. Incertidumbre se respiraba en el ambiente y también ansiedad.

Olimpia apostó fuerte los siguientes minutos, a ir por todo. El gol revivió a los dirigidos por el español Fernando Jubero y les motivó para buscar más, para evitar conformarse. Pumas no bajó los brazos y con extremos cuidados del rival, siguió en su papel, tratando de aprovechar los espacios que dejaba el enemigo y recargando su juego, como es habitual, en el poder desequilibrante de sus hombres en banda.

Con el cronómetro corriendo, la desesperación hizo presa a los de casa. Los felinos trataron por la vía aérea y terrestre, pero El Decano cerró todos los circuitos. El resultado parcial significaba un tesoro que los blanquinegros no iban a descuidar. Así lo manifestaron. Pelearon con intensidad cada pelota, entraron fuerte en el cuerpo a cuerpo y maniataron, como fuera, a los futbolistas de Universidad.

El complemento forzó a Pumas a mostrar ese rostro de equipo de vértigo, rápido y técnico, a ejercer, velocidad de por medio, su mejor arsenal y arriesgarse por un gol, por la suma de unidades, aunque fuera el empate, y hasta el triunfo. La grada lo entendió así y se lo exigió desde el silbatazo de Julio Bascuñán; se metió de lleno; "Vamos, UNAM", retumbó en el estadio.

El plantel mostró garra y bastaron un par de minutos para mandar un mensaje de lección aprendida. Gerardo Alcoba, en un remate con la cabeza, se encargó de empatar el electrónico y devolverle el ánimo a la mayoría de los presentes; tres minutos más, Matías Britos amplió a 2-1 el marcador. El uruguayo apareció en el área paraguaya y cruzó al arquero con un sutil toque de zurda. El momento le pertenecía a Pumas.

Al 54', Eduardo Herrera convirtió el júbilo en fiesta total. El '15' incrementó a 3-1 la diferencia. El Olímpico estalló de nuevo y el "Cómo no te voy a querer" enchinó la piel de más de uno. El tercer tanto también le dio calma al desempeño de Universidad, que sin conformarse mantuvo atrás al Olimpia, con embates y de igual forma la posesión del balón.

La intensidad del aparato ofensivo se mantuvo. En la recta final del encuentro, al 70', el jugador más efectivo hasta ahora en cuota de goles, tanto en Copa como en Liga, Ismael Sosa, combinó adecuadamente e incrustó el 4-1. Era el resultado definitivo, el que colocaba a Universidad, por segunda vez en su historia, en los octavos de final de la Libertadores.

Instantes más tarde, Guillermo Vázquez modificó su esquema original. El timonel sacó a sus hombres titulares, sobre todo en ataque, pensando en el juego del fin de semana, frente a León, en Liga, pero de igual forma consciente de que los 12 puntos y diferencia de +9, sobre Táchira, lo colocan como el primer lugar de su grupo y le otorgan el pase a la ronda siguiente en la Copa.