Rubén Guerrero

16 de abril de 2015 / 01:12 p.m.

Cuando la directiva del Querétaro hizo oficial la llegada de Ronaldinho a las filas de los Gallos Blancos, a mediados de septiembre del año pasado, la afición de La Corregidoras e ilusionó con un rendimiento fundamental por parte del astro brasileño, quizás lejano al que lo encumbró de gloria con el Barcelona o la selección de su país durante la década pasada, pero sí esperaban, como mínimo, una pizca de su magia, lo suficiente para cargar con la ofensiva de nuevo club.

Sin embargo, el orquestador de 35 años, pasó más tiempo fuera de las canchas, ya sea por padecer una gripe que lo alejara de la concentración a unos días del partido más cercano, o por atender un compromiso familiar en Brasil, que siendo factor para su necesitada escuadra; aún así, logró firmarse tres dianas en el torneo de Liga, durante nueve encuentros en el Apertura 2014.

"Es un jugador diferente, con el que se tienen permisos especiales, porque necesita viajar seguido a su país", aseguraba vía telefónica Arturo Villanueva, presidente de la institución, previo al inicio de la pretemporada del Clausura 2015, en diciembre pasado, a la que Dinho tuvo autorización de reportarse con dos semanas de retraso, pues tenía pendientes por resolver.

Así, entre dudas por su forma física y los rumores que vinculaban a la MLS, Ronaldinho comenzó el Clausura 2015. De la mano de Ignacio Ambriz, su técnico, los Gallos deambularon en la medianía, acumulando hasta cinco partidos sin conocer la victoria, hasta que el 21 de febrero, luego de caer contra Rayados (2-1), el estratega fue cesado de su puesto. Con Nacho como timonel, Dinho apenas si jugó tres encuentros en el inicio de este semestre.

El escenario era desolador. Para recobrar el prestigio perdido del Querétaro y meter en cintura al polémico enganche, la dirigencia contrató a Víctor Manuel Vucetich.

Con el Rey Midas, la titularidad del '49' de Gallos era incierta: "si el jugador no tiene una buena actitud, no jugará, no será considerado", aunque aclaraba: "buscaremos la manera de motivarlo; todos sabemos de su capacidad en la cancha".

Aunque le costó un par de encuentros adaptarse a lo que pretendía su nuevo estratega y asumir la responsabilidad de su puesto. En los últimos tres partidos de los Gallos, Ronaldinho ha sido determinante, protagonista. Atrás quedó su imagen de portento físico, subiendo y bajando, marcado goles de gran manufactura, como los que logró en Europa; ahora se dosifica, pero ha recobrado el buen toque y la fácil sonrisa, el sello de la casa.

Con Vucetich, Dinho es el orquestador de la ofensiva, el primero en cobrar los balones parados; por sus botines pasan esféricos que terminan redituados en goles y puntos para los Gallos.

Toma la pelota, casi siempre, delante del medio campo, levanta la cara, conduce unos metros y lanza embates envenenados. Se suministra, pero sigue siendo efectivo.

La fórmula ya le funcionó contra León, Atlas y Tijuana. Con 19 puntos, cerca de los sitios de Liguilla, y con 9 unidades de 9 posibles, en los más recientes 270 minutos de competencia, los emplumados se ilusionan con mejor horizonte que su actual presente; aunque el contrato del brasileño estipula que solo atenderá entrevistas exclusivas con ciertos personajes mediáticos, él está hablando donde debe, en la cancha.

"Vamos bien, pero no perdemos el piso, nos queda seguir mejorando, que aún nos faltan puestos para alcanzar el pasea la Liguilla", advirtió Vuce después de la victoria sobre los Xolos.