TOMÁS VÍCTOR LÓPEZ 
18 de febrero de 2016 / 08:09 a.m.

Para Alberto Santos Boesch, la mayor satisfacción que tuvo su padre, Alberto Santos de Hoyos, como directivo de Rayados, fue convertir el futbol en un fenómeno social que influye de manera positiva en Nuevo León.

El pasado fin de semana se cumplió el tercer aniversario luctuoso de Santos de Hoyos, quien fue un directivo visionario, que revolucionó la forma de vivir el futbol en la ciudad.

Santos Boesch compartió cómo su papá asumió la presidencia del Monterrey a principios delos años 70 para tomar decisiones como tener un equipo ofensivo, mudarse al Estadio Universitario, establecer el sábado a las 5:00 de la tarde para jugar, y construir El Cerrito.

Expone que además de la pasión por el balompié en la gente, el crecimiento de los Rayados provocó que en Tigres buscara ascender a Primera División y de ahí naciera la ferviente rivalidad del clásico regiomontano.

“Para mi papá fue muy importante el tema social en su vida y siempre ligó el futbol a lo social, sabía que creando esta nueva afición iba a ver niños donde sus ídolos iban a ser los jugadores, donde los niños iban a dedicarse más al deporte, a querer ser como ellos y no estarán otros vicios o por malos pasos”, recuerda Santos Boesch.

Narra cómo asumió el reto de hacerse cargo del Monterrey a los 29 años de edad tras un diálogo con el empresario Bernardo Garza Sada, y cómo recibió el respaldo del señor Eugenio Garza Sada de irse a jugar al Universitario.

De pronto, gracias a un equipo que marcaba goles, el balompié se convirtió en un pasatiempo que antes no tenía tanta respuesta de la gente.

“Y se fueron para el Estadio Universitario y se pasó de 5 mil asistentes promedio en los juegos en el Tec, a tener 40 mil personas, pues fue obviamente todo un suceso”, recuerda el ahora presidente de Empresas Santos.

“En esa época hubo partidos donde se quedaron afuera 10 mil, 15 mil gentes, por la fiebre que causó ese gran equipo de Milton Carlos, de Corbo, de Bira, de Guarací, de Bertocchi, Paco Solís y otros”.

LA RIVALIDAD

El crecimiento del Monterrey en diferentes aspectos contribuyó a que los Tigres se propusieran ascender a Primera, y con ello naciera el fervor por el clásico.

“En aquel entonces pues la gente de Tigres ve el éxito que tienen los Rayados y se ponen a trabajar duro en el equipo para subirlo a Primera División”, menciona Santos Boesch.

“El doctor Todd me decía: es que los clásicos los inventó tu papá, si no hubiera sido por tu papá que hubiera hecho lo que hizo en Rayados, Tigres nunca se hubiera puesto las pilas y hubiera subido”.

Recuerda que su padre era presidente de Rayados cuando se vivió el primer clásico, además que como directivo del Monterrey no le tocó perder el derbi regiomontano.

Señala que lo principal es que el futbol se vive en la familia y en los centros detrabajo, con aficionados de uno y otro equipo que conviven y buscan apoyar alos clubes locales.

LOS RECUERDOS

Alberto Santos Boesch menciona que tuvo la oportunidad de platicar con jugadores de la época de los 70 en la semana de la inauguración del nuevo estadio del Monterrey.

Futbolista scomo Milton Carlos, Bira, Guarací Barbosa o Luis “Huesos” Montoya han externado su agradecimiento porque en diferentes formas su padre les apoyó y les ayudó a salir adelante en diferentes situaciones personales.

Agrega que Santos de Hoyos fomentaba que hubiera convivios los domingos, donde los futbolistas pasaran el día libre con sus familias en El Cerrito.

Al cumplirse el tercer aniversario luctuoso, Alberto Santos de Hoyos, mantiene el reconocimiento de las personas que lo conocieron, por visión, su toma de decisiones y su tacto para apoyar a las personas.

Santos de Hoyos es considerado el mejor directivo que han tenido los clubes regiomontanos de futbol.