GERARDO SUÁREZ
2 de agosto de 2015 / 09:46 p.m.

El sueño está cumplido, la fiesta se cerró con un broche de oro puro.

Rayados se presentó en su nueva casa goleando, consiguiendo un resultado que brinda confianza y que mandó a la inmortalidad a un par de canteranos que ni en sus sueños habían visualizado una noche como esta.

César Montes, un chavito que porta el dorsal 286, cambió el rumbo de un encuentro que se encontraba tenso, en donde los incontables cambios hacían pensar que el nivel futbolístico decaería.

Hoy, el de Sonora es una leyenda. Su memorable anotación no sólo se convirtió en la primera en la historia del flamante inmueble, sino que encaminó a La Pandilla a una goleada que también pasará a grabarse en los anales de la institución.

Recién ingresado para la segunda mitad, el defensor de la Sub-20 midió perfecto un tiro libre que cobró Pablo Barrera y testareó con furia el balón y batir así al arquero Julio César.

A partir de ahí, llegó la tranquilidad de que la fiesta iba a terminar color de rosa para el Monterrey. El Benfica, que todavía muestra los estragos de la pretemporada, amenazó en el primer tiempo con ensombrecer la inauguración, gracias a la habilidad del argentino Nicolás Gaitán y Jonás.

El Monterrey intentó desde el inicio tomar la batuta del encuentro. La ocasión lo ameritaba; sin embargo, pese a tener la primera clara con un disparo bombeado de Édgar Castillo, nunca logró inquietar en demasía. César, al menos en los primeros 45 minutos.

Por más que Dorlan Pabón parecía decidido a convertir en héroe a Aldo De Nigris, ni uno ni otro pesaron lo suficiente. Ambos ya ni regresaron para el complemento.

Con el inicio de la segunda parte, el técnico Antonio Mohamed modificó gran parte de su once inicial, dando paso a Montes, Barrera, Walter Gargano y Rogelio Funes Mori.

Primero apareció Montes, quien desató la locura de los 51 mil hinchas presentes.

Desde ese momento, Rayados lució todavía más dinámico y las llegadas al arco rival se incrementaron.

Posteriormente, el silbante Francisco Chacón decretó un penal por una mano. Si bien la afición rogaba que Luis Pérez lo cobrara, fue el recién llegado Rogelio quien terminó disparando y convirtiendo el 2-0. Triunfo asegurado.

La velada fue cerrada por Santiago Rivera, quien tenía unos minutos en el campo tras sustituir a Neri Cardozo. Barrera envió un centro exacto que el juvenil conectó como crack, clareando con la cabeza a César. El balón describió una parábola y se incrustó en el marco. Noche soñada.

Así el Monterrey se presentó con éxito en su nuevo estadio y escribió una historia dorada el día de su inauguración. Sin embargo, esto es sólo el principio; en la Liga hay que levantar.