EDUARDO TORRES | @EDUTORRESR
7 de mayo de 2018 / 01:43 p.m.

Todos vimos cómo cayó Monterrey, pero curiosamente solo se han dado culpables y no se han mencionado motivos de esta eliminación. No fue una cuestión de que Tijuana haya hecho más goles nada más, hubo un plan táctico detallado y falta de dirección de campo entre los entrenadores argentinos.

Lo primero fue que hubo algunos cambios de hombres con respecto al partido de ida. Se decidió que no jugara Celso Ortíz junto a Jesús Molina, con esto el equipo perdió control en el centro del campo para un partido donde parecería que iba a ser necesario porque se esperaba que fuera un encuentro de ida y vuelta, no solo por fuera sino también en la competencia del mediocampo.

Otro cambio fue la salida de Lucas Albertengo, se decidió prescindir de él para darle cabida a Jonathan Urretaviscaya, ¿por qué?. Mohamed pretendía atacar en conducciones largas por un costado, tenía primero que activar a Urreta, una situación que se fue complicando mucho durante el juego, tanto que faltando 15 minutos cuando Rayados más necesidad tenía, lo sacaron porque no estaba dando.

El esquema táctico planteado fue de nuevo con línea de 4, como empezó en el partido de ida aunque en esa ocasión modificó a 5. Tenía que tratar de defender de nuevo a Bou y Lucero con tres centrales, aunque luego ellos constantemente se moverían entrando y saliendo del centro para desubicar a esos marcadores rayados.

Una cosa que siguió priorizando Diego Cocca fue no darle espacios a los delanteros de Monterrey, mucho menos ahora que estaba Urretaviscaya. Estaban muy bien definidos los roles de Damián Pérez y Omar Mendoza. Lo que hay que destacar de todo esto es que son situaciones que ya habíamos visto en el juego de ida, apenas tres días antes.

Los equipos tienen la responsabilidad de analizar todo lo que sea necesario los partidos para encontrar todos los detalles, entendiendo que no hay dos partidos iguales y que el análisis no te asegura ganar, pero sí le resta algo al azar.

El cuerpo técnico tiene que hablar con los jugadores para explicar la especificidad del plan de juego, la inteligencia deportiva tiene la responsabilidad de mandar a los jugadores a sus teléfonos las jugadas en las que tendrán que poner atención, especificar con qué pierna sale el jugador al que enfrentarán, cuáles son las debilidades, para que el jugador no tenga excusas. Pero la noche del sábado tuve la impresión, sin asegurarlo, que Monterrey salió más con un discurso motivacional que con un plan de juego para anular lo que intente Tijuana y poder imponerse en la cancha y en el marcador.

Durante varias temporadas Antonio Mohamed se encargó de perfeccionar los contraataques y sin ninguna duda logró controlarlos, pero dependía mucho de Funes Mori y cuando lo perdió trató de modificar su sistema de ataque pero no lo logró. Ganó algunos partidos, pero siempre dejó dudas en el funcionamiento. Ahora esos contraataques que tan bien hace lo terminaron por dejar fuera del torneo, tal vez se olvidó de perfeccionar defenderlos.

Monterrey hoy es muchas dudas y poco fútbol. Tiene pocos días para pensar, ya hay que armar el próximo torneo.