Sergio Enrique Contreras
29 de julio de 2015 / 07:06 p.m.

Hace 20 años, Miguel Herrera lo pateó arteramente. Él dice que ya olvidó cómo fue y evade recordar ese capítulo pero deja entrever que eso revela el carácter del “Piojo”.

“¿Qué te puedo decir yo? Lo que es, se va viendo la realidad de lo que es y ya no puedo opinar más, se van dando las cosas, yo siempre le he deseado lo mejor y ya, que siga triunfando el chavo”, cuenta Jorge López.

Dedicado de lleno a “Taco Sport”, su negocio de tacos que atiende con su hermano Marco, Jorge es un tipo ecuánime, de trato afable y discreto. Le cuesta trabajo hablar de ese tema, no quiere que lo recuerden por eso y tiene una frase de cajón para darle la vuelta a la tortilla: “ya se olvidó eso”.

Mientras prepara unos tacos de hígado (la especialidad de la casa), Jorge dice que no hay rencor, él se concentra en que su trabajo satisfaga a sus clientes.

“No, no, nada de eso, al contrario, qué bueno que haya triunfado y haya salido adelante”, ataja.

De aquel día en que el León recibió al Atlante, equipo donde “El Piojo” jugaba de defensa central dice recordar poco: “Yo ya no recuerdo bien toda esa acción, pero ya quedó en el olvido, él vive su momento, yo vivo el mío, pero pues adelante, ya nada pasó ahí”.

Cuenta que trabajó como utilero en el equipo León desde 1976 hasta 1982. Les entregaba la ropa, los zapatos, todos los implementos que usan los jugadores para lucir en la cancha. Ahí conoció a grandes estrellas del club verdiblanco y eso también le dio un pasaporte de acceso a la cancha, por eso es que en aquella ocasión se encontraba tan cerca de los jugadores. También cuenta que llegó a jugar con los verdes.

“Ya no trabajaba, pero ahí estuve muchos años. Era el ayudante de utilería”, comparte.

Cuenta que tiene muchos años que no va al estadio pero su pasión por el equipo y el futbol está intacta. Él llegó a jugar y dicen los que le conocieron entonces que no lo hacía mal. Hoy su local está adornado con balones de soccer, basquetbol, banderines y figuras alusivas al deporte de las patadas.

De Miguel Herrera opina que el carácter fuerte y explosivo le pudo ayudar a llegar donde estaba pero también le pudo haber afectado:

“Depende los caracteres, claro”.

Él no se mete con nadie, es tranquilo, en la colonia Obrera los vecinos los quieren y respetan. Tienen arraigo, aquí por el rumbo del templo del Carmen han vivido toda su vida. En su local de la calle Zacatecas y Guatemala, los saludan la mayoría de los que por ahí pasan. Sus clientes llegan y se anuncian con familiaridad.

“Dame dos quesadillas de chorizo, cuñao”, le dice el Güero con cierta complicidad. La misma que se logra con el taquero de cabecera.
“Nos aprecia la gente, no nos metemos con nadie. ¡Quiubole!,

-¡Quiubole!”, cuenta.

A Herrera, que ya se quedó en el desempleo le envía un mensaje para confortarlo: “No tiene trabajo, pero tiene sus negocios, tiene que salir adelante”.

Son las once de la noche, Jorge sigue con la mirada en los tacos. La vida tiene que seguir, hasta para el “Piojo” Herrera