WILLIE GONZÁLEZ | @WILLIEMTY
9 de mayo de 2017 / 09:36 a.m.

No hay discusión: el mejor clásico de México es Tigres-Rayados. Es el que genera más pasión, emoción y más rating en audiencia de radio, prensa, televisión y redes sociales, que ningún otro en este país.

La ciudad se paraliza y es el tema del día en la casa, en la escuela, en la oficina, restaurantes o bares.

Un clásico en Liguilla es como disfrutar de un Real Madrid-Barcelona con estrellas que tienen nivel internacional como André-Pierre Gignac, Eduardo Vargas, Javier Aquino, Guido Pizarro, o Edwin Cardona, Carlos Sánchez y Dorlan Pabón, por mencionar a algunos jugadores fuera de serie.

Abundan las apuestas entre amigos, familias y entre compañeros de trabajo. Es un sentimiento único que lo lleva en el corazón la mejor afición de México: la de Tigres y Rayados.

La gente pasea orgullosa por las calles con sus camisetas del equipo felino y del plantel albiazul. Es su ropa de gala durante la semana, como vestir de frac en una fiesta de etiqueta.

Y realmente es una fiesta la que se vive en la Sultana del Norte, porque contrario a otras aficiones, aquí se vive el duelo con la convivencia de ambos seguidores, siendo rivales deportivos, cada quien defendiendo a su equipo, pero sin violencia, exclusivamente con la carrilla, a todo lo que da, para el derrotado.

El América-Chivas, Cruz Azul-América, Chivas-Atlas o el intento de clásico entre Pumas-América están a años luz del duelo regio. No provocan ni que se le mueva un pelo a Juárez. Esos juegos son como una suculenta comida sin sal o un plato mexicano sin picante. El verdadero clásico está en el norte y el futuro campeón saldrá de Tigres y Rayados. De eso tampoco me queda ninguna duda.