ROBERTO FLORES | @BETOFLORES67
5 de agosto de 2017 / 10:56 a.m.

Este 5 de agosto se cumplen dos años de una Final que pudo cambiar la historia no sólo de Tigres, sino del futbol mexicano y de todo el continente…

Sí, hoy son ya 730 días que han pasado desde aquel miércoles lluvioso y frío en la cancha del Monumental de Buenos Aires, un estadio que le pesó a los felinos y festejó en grande un título más de River Plate en la Copa Libertadores de América.

Los felinos habían hecho un torneo de ensueño, siendo el segundo mejor equipo del certamen, pero nunca pudo derrotar a los Millonarios, ni en la fase de grupos ni tampoco en los partidos de aquella Final.

Siempre se dijo que Tigres dejó vivir a un River que gracias a la goleada de los felinos en Perú ante el Juan Aurich clasificó a la siguiente ronda y poco a poco se fue haciendo fuerte en el certamen.

Era la tercera ocasión en la historia que un equipo mexicano llega a la disputa por el título. Primero fue Cruz Azul en el 2001 y perdió ante Boca Juniors en penales; después en el 2010 las Chivas se midieron al Inter de Porto Alegre y también cayeron con un global de 5-3.

La Final del 2015 parecía que Tigres llegaba como favorito por el futbol desplegado a lo largo del torneo, además de que se armó “hasta los dientes” para jugar las instancias definitivas con las contrataciones de Jürgen Damm, Javier Aquino y el francés André Pierre Gignac.

Con estos elementos, los felinos dejaron en el camino a Universitario de Sucre (Bolivia) en los Cuartos de Final; al Emelec (Ecuador) en los Cuartos de Final; y al Inter de Porto Alegre (Brasil)-ya con los refuerzos mencionados- en la Semifinal.

Ya en la Gran Final, ante uno de los clubes más importantes del continente, la Ida se jugó por reglamento de la Conmebol en suelo mexicano, en el Universitario el 29 de julio y Tigres dejó escapar varias opciones claras de gol y terminaron con 0-0 que dejó en el ambiente un sentimiento de tristeza y frustración entre los Incomparables.

Ya en Buenos Aires, los felinos eran apoyados por muchos argentinos anti-River, principalmente por los seguidores de Boca Juniors, incluso entrenaron en las instalaciones de los Xeneizes los días previos al partido.

Se llegó el juego y ante un ambiente impresionante en el Monumental, se vivieron unos primeros minutos intensos, de mucha lucha y garra felina, pero sin contundencia.

Tigres lo había hecho bien, aguantó la presión y las patadas del rival. Sin embargo, el primer parpadeo en defensa les costó caro; justo antes de terminar la primera mitad Leonel Vangioni tomó el balón en medio campo y luego de un túnel centró para la llegada de Alario quien de palomita se tendió en el área para rematar a plenitud y poner el 1-0 en el marcador.

Eso sí, el árbitro hizo todo lo posible para incomodar la actuación de Tigres en la cancha de River. No expulsó a Alario por una patada y un pisotón a Nahuel Guzmán y coincidentemente fue quien terminó apareciendo dentro del área para marcar el primer gol de River.

Para el complemento y con el ánimo por los suelos, Tigres tuvo otro rival más en la cancha: la lluvia cayó con fuerza en Buenos Aires y encharcó el campo evitando la buena circulación del esférico.

River Plate necesitó una más para anotar gol. Sánchez se metió al área y Aquino cometió la falta que fue el último clavo en el ataúd de Tigres. Sánchez no dudó en sacar un fierrazo para vencer a Nahuel y marcar el 2-0 que sentenció el encuentro.

Todavía a 12 minutos del final, Ramiro Funes Mori se levantó en el área y de cabeza puso uno más en la cuenta para River que ya sólo se dedicó a festejar su tercer Copa Libertadores en la historia y para Tigres una desilusión muy grande, tras una Copa Libertadores de ensueño que no supo coronar.