GERARDO SUÁREZ
17 de agosto de 2015 / 10:45 a.m.

Previo a la Vuelta contra el Inter de Porto Alegre, André-Pierre Gignac sorprendió al realizar una especie de ritual frente a la portería norte del estadio. Poco más de una hora después, anotó el primer gol del partido.

Hincarse frente al marco, sobre el semicírculo, y quedarse observando las redes fue parte de esta pequeña ‘ceremonia’, repitiéndose frente al River Plate. ¿Una cábala, superstición del francés? Ni una, ni otra. El secreto del atacante sólo radica en enfocarse hacia su objetivo. Simple, pero cierto.

“No hay superstición, nada eso. Lo hago para concentrarme, para visualizar mi objetivo”, platicó Gignac, de manera informal, quien resaltó que no es común que realice este pequeño ‘acto’. “Sólo lo hago antes de partidos importantes”.

Fomenta el compañerismo

Llegó como figura y fue recibido como tal; sin embargo, André-Pierre no se siente por encima de nadie. Por el contrario, lo que busca el galo es precisamente fomentar la unión de grupo y para ello utiliza sus goles.

Es por ello que en los festejos no le importa tener que recorrer todo el campo con tal de llegar a la banca. El pasado sábado, dos de sus tres anotaciones las festejó con el resto de los elementos suplentes.

“No me abrazo con uno, me abrazo con todos. Son mis compañeros”, reveló.