EDUARDO TORRES | @EDUTORRESR
8 de mayo de 2018 / 11:36 a.m.

La plantilla más cara, la del actual campeón del fútbol mexicano, quedó eliminada en Torreón, esto es especialmente destacado porque habían ido ganando 2-0 la ida y mucha gente, de la mano de la soberbia, ya esperaban estar la final sin siquiera jugar el partido de vuelta.

Hubo solamente un cambio en la alineación, ingresó Israel Jiménez por Jurgen Damm en lo que fue una línea de cuatro, le sumaron un defensor en línea más con respecto al juego de ida, puesto que en ese encuentro se jugó con tres en el fondo y dos adelantados, mismos que en fase defensiva formaban la línea de cinco.

Aunque hubo solamente una modificación en el cuadro titular, existieron diferentes cambios futbolísticos para este encuentro. Se jugó a una altura diferente, los jugadores parecían más preocupados por mantener el cero y luego ir a buscar su gol en un contraataque organizado, situación que nunca pasó porque atacaron muy mal.

A partir de que la intención de Tigres fue defender en lugar de atacar, Santos creció, tuvo aproximaciones, desde afuera del área y adentro también, a balón parado se dieron algunas situaciones como acostumbra hacerlo Santos, el gran problema fue que todos veíamos la situación y el equipo no reaccionó.

Era el minuto 28 minutos y Santos se quedó sin Jonathan Rodríguez por expulsión, pero en todo ese tiempo nunca se notó que Tigres tuvo un hombre de más. La responsabilidad de Ricardo Ferretti era explotar eso y nunca pudo hacerlo, yo todavía tengo dudas de si fue incapacidad del entrenador para explotar los espacios, incapacidad de comunicar el mensaje o los jugadores no pudieron concretarlo.

Luego, al minuto 33, entró Kolo por Juninho. Más allá de si fue por lesión o ajuste, se supone que entraba un jugador de características más ofensivas, con mejor pase entre líneas, una buena zurda para buscar trazos cruzados, o incluso para hacer algunas conducciones frontales que superaran la presión de Santos, pero no. Fracasó en todo lo que intentó.

Los otros dos cambios tampoco generaron mucho: salió Valencia por Damm, cuando debió hacerlo por Jiménez, porque se potencia la ofensiva sin descuidar la defensa. Es un cliché pero no deja de ser cierto: la mejor defensa es un buen ataque.

Zelarayán entró por Vargas para afianzar el 4-2-3-1 que iba a buscar crear y servir solamente a Gignac, porque para ese momento Valencia, Vargas y Sosa estaban en la banca; tres hombres cercanos al gol sin poder jugar en el momento más difícil del semestre para Tigres. Ahora, si buscabas a un extremo de desborde y centro, y que además tuviera finalización, ¿por qué no meter a Sosa en vez de Damm?

Tigres fue un equipo plano, sin idea, no transmitió ninguna especie de esperanza para sus aficionados. Gignac falló sin portero rival y Nahuel atacó mal un disparo de Djaniny. Las áreas fueron un punto débil, otra vez la cuestión de la contundencia.

Unos aburguesados Tigres, tal y como los definió Ferretti, se regresaron a casa temprano. No tengo ningún problema en decir que fue un partido vergonzoso, ojalá no se vuelva a repetir. Merecen haber sido eliminados.