CARLOS HERNÁNDEZ

14 de mayo de 2015 / 12:39 p.m.

La liguilla no se vivió como de costumbre en el Estadio Corona, no hubo lleno y eso propició que varios aficionados de Tigres ingresaran para hacer notar el apoyo a su equipo.

Fueron los aficionados de Tigres quienes se hicieron notar en mayor cantidad desde dos horas antes del arranque del encuentro, algunos llegaron en grupos numerosos, agresivos y provocando a algunos aficionados santistas, pero la intervención de la policía evitó enfrentamientos.

Ya en la tribuna, más de 300 seguidores del cuadro neolonés hacían ruido en la esquina derecha de la cabecera sur, mientras que la gente de Santos permanecía incrédula de lo que pudiera hacer su equipo.

Javier Orozco ilusionó con su gol, pero con el empate de Guerrón regresaron la dudas y más con lo trabajo que por momentos estuvo el juego, lo bien parado que estaba Tigres a pesar de sus errores que Santos no supo aprovechar.

Pedro Caixinha estaba como león enjaulado, desesperado por los movimientos que sus jugadores no realizaban, igual ocurría con Ricardo Ferretti, cuya molestia mayor fue con su arquero Nahuel Guzmán, cuando se hizo amonestar por retraso de juego cuando casi estaba consumido el tiempo agregado, lo que propició que el árbitro repusiera un minuto más. El técnico y su guardameta se encararon de lejos, pero no pasó a mayores.

Al final, la afición de Monterrey y sus alrededores festejaron, algunos gritaban que Tigres ya está en semifinales, pues confían que completarán la obra en el Estadio Universitario, donde Santos necesita hacer goles para avanzar.

Para evitar enfrentamientos, la policía municipal encapsuló a los aficionados de Tigres, a quienes comenzó a desalojar media hora después de finalizado el partido.

A lo largo del partido se lanzaron objetos de uno y otro bando, se calentaron los ánimos, eso atrajo a más elementos de seguridad para actuar de inmediato en caso de que se desatara alguna bronca, algo que no ocurrió dentro del estadio.