CORTESÍA RUBÉN GUERRERO | LA AFICIÓN
16 de diciembre de 2015 / 08:30 a.m.

Corría el minuto 36' del partido de vuelta en la Final del Apertura 2014, entre América y Tigres, cuando Michael Arroyo ingresó al área de los felinos y de pierna izquierda fusiló a Nahuel Guzmán. Era el 1-0 parcial (1-1 en el global), pero también el comienzo del declive de los dirigidos por Ricardo Ferretti.

Al término de ese compromiso, los regios acabaron con ocho hombres en el campo y con el 3-0 en contra. Hoy, casi un año después y con más de 40 millones de dólares invertidos en refuerzos, Tigres puede presumir un 2015 de protagonismo total con el liderato en el Clausura, la Final en la Copa Libertadores y, obviamente, el título en el Apertura conseguido la noche del domingo ante Pumas.

Sin embargo, hay que señalar que el conjunto felino estuvo a 11 pasos de distancia (la serie de penales contra Universidad) de quedarse como el gran perdedor de este 2015, pues la apuesta conservadora del Tuca en la Final de vuelta por poco les cuesta otro trofeo, tal como pasó ante River Plate en la Libertadores.

LO BUENO Y MALO

Hoy el cuadro tigre es merecidamente el campeón del futbol nacional. Fue el que mejor jugó la Liguilla del Apertura, pese a la inestabilidad mostrada vuelta de la Final. A lo largo de la clasificación general, los del norte felino fueron la defensa que menos dianas recibió al sumar 16 tantos en contra; en la fase final, Tigres se erigió como la delantera más efectiva, al sumar nueve conquistas en seis duelos. Hasta antes de la Final de vuelta, Tigres ligó 12 encuentros sin conocer la derrota, que coronó con el título en Ciudad Universitaria, el cuarto en su historia.

A lo largo del semestre recién concluido, André-Pierre Gignac (el fichaje estrella del futbol mexicano) y compañía dejaron en claro que su principal fortaleza fue la conexión entre líneas y así lograron la meta propuesta: el campeonato.

En el primer semestre del 2015, en la Liga, Tigres totalizó 29 puntos, y se ubicó en el primer puesto de la clasificación general, pero en cuartos de final sucumbió ante Santos Laguna, a la postre el campeón. En el torneo local fue uno más, pero a la vez que disputaba el certamen de casa, trascendía en la Copa Libertadores, una competencia en la que sorprendió con su poderío.

En la justa sudamericana, los regiomontanos se ubicaron en el grupo seis, junto al River Plate (Argentina), Juan Aurich (Perú) y San José (Bolivia). En esta fase acabó en el primer sitio, con 14 puntos; en octavos de final se impuso al Universitario Sucre boliviano; en cuartos hizo lo mismo con el Emelec de Ecuador y en semifinales logró el pase a la disputa por el título venciendo al Internacional de Porto Alegre.

En la Final de vuelta, en Buenos Aires, frente a River, careció de fortuna y padeció al enemigo. El resultado fue un 3-0 en el global. La Final de la Libertadores se jugó con temor por cuenta de los regiomontanos, deslucieron y ‘Tuca’ se guardó sus armas, algo parecido a lo que sucedió este fin de semana en CU, pero a diferencia del Olímpico, en Buenos Aires, no lograron vencer a los pupilos del Muñeco Gallardo.

El domingo hubiera sido un fracaso relevante en caso de consumarse la voltereta para Pumas. Con la espina clavada, los felinos nos se enfocaron en conquistar la Liga y armaron su escuadrón para competir; las llegadas de Gignac, Aquino y Damm apuntalaron al escuadrón, a un equipo que le hacía falta poco para ser el más competitivo.

Lo lograron. Consiguieron su cometido y en cuestión de un año, revirtió lo amargo del recuerdo del subcampeonato en el Azteca, por el júbilo en el Olímpico. Las caras largas se convirtieron en satisfacciones. Para consumarlo, la directiva de Tigres gastó un aproximado de 41.5 millones de dólares en refuerzos a lo largo del 2015 (de acuerdo con cifras de Transfermarkt). Con estos discursos, los del norte incrementaron los trofeos de sus vitrinas.