23 de julio de 2013 / 01:46 p.m.

Monterrey • Las gallinas no son la única pieza que doña Eustolia da forma con sus manos, pero sí son las que la han llevado a los museos.

Ya sea para servir el agua fresca o como adorno, las piezas de barro cocido y dibujadas con chapopote son una más de las artesanías de Nuevo León que están al borde de desaparecer, o al menos hasta que doña Eustolia nos abandone terrenalmente.

Una exposición en el Museo Estatal de Culturas Populares (Mina y Abasolo, Barrio Antiguo) busca dar a conocer al público una artesanía popular que nadie más practica en el municipio de Linares.

Las gallinas, explica su creadora, se pueden usar para hervir el agua o mantenerla fresca, así como para decoración. También hace ollas para cocer frijoles, cazuelas, comales y jarrones decorativos.

“Yo hago de cualquiera (figura), sólo que aquí me pidieron gallinas”, comenta la artesana rodeada de sus obras de barro.

La exposición Las gallinas de doña Eustolia se inaugura esta tarde en punto de las 19:00, junto a la muestra La casa, devenir histórico en paredes de cal y canto, con entrada libre.

"Dicen que es mucha friega"

Habitante del ejido Los Álamos, en la comunidad del Mosquito de Linares, doña Eustolia es heredera de una tradición local. Las vecinas, familiares y hasta la suegra practicaban el oficio de hacer figuras de arcilla pintadas con chapopote, como una manera de subsistencia económica.

A ella le enseñó su suegra a muy temprana edad, pues relata que se casó a los 12 años.

Su suegra hacía figuras de todas: venados, tortugas y las gallinitas. De ella aprendió y por muchos tiempo pues llegó a vivir 108 años.

"Nomás de estarla viendo aprendí", relata.

Las figuras de arcilla son toda una producción artesanal. Desde ir a conseguir el barro “arriba de una loma”, darle forma con las manos, para después quemarlo y, si el cliente lo pide, darles un decorado con chapopote.

La actual exposición que monta el Museo de Culturas Populares es la tercera que ha tenido Eustolia y sus gallinitas. Anteriormente el Museo de Linares le había rendido tributo a sus creaciones.

Pese a todo, no habrá quien continúe la escuela de las gallinas de barro. De sus 15 hijos le sobreviven 10 y nadie ha querido seguir sus pasos.

"Dicen que es mucha friega", repite una y otra vez la artesana, quien por ahora está contenta de que la gente de Monterrey admire sus creaciones.

¿Hay alguien más que haga estas piezas en el ejido señora?, se le preguntó. "No, acabándose yo se va acabar todo. Ya cuando Dios diga pues me voy", respondió.

La casona más antigua

La historia de la Casa del Campesino, actual sede del Museo Estatal de Culturas Populares, será relatada en la exposición La casa, devenir histórico en paredes de cal y canto.

Además de conjunto de piezas históricas, planos y fotografías, la exposición se narra bajo la investigación realizada por el historiador Víctor Cavazos, quien junto a otros especialistas realizó un libro sobre esta casona. Tras esta investigación es posible precisar la fecha más antigua que se tiene registro de la casona.

"Yo tengo la fecha de 1764 como la época en que se adquiere el jacal y se empieza la construcción de la casa. La cartografía de 1765 ya nos muestra la casa, y aquella esquina (Jardón y Mina) la mejor consolidada", refiere Cavazos en entrevista.

La Casa del Campesino fue en un comienzo un jacal, después se convirtió en casa de gobernador, hospital provisional y Del Rosario, Colegio de Niñas y sede de las Comundiades Agrarias. Por todo ello se le considera la construcción más antigua del centro de Monterrey.

"Si vemos el Barrio Antiguo creo que éste debería ser el corazón, ahora tú ves a la gente disfrutando del Corredor de Mina y realmente la casa del campesino sigue siendo el respaldo y sigue siendo el escenario más auténtico y más real para disfrutar de esa identidad", apunta.

GUSTAVO MENDOZA LEMUS