11 de agosto de 2013 / 04:35 p.m.

México • Concha es un personaje que apareció por primera vez en la novela El otro amor de su vida, del escritor Héctor Manjarrez. Lo que pocos saben es que esta protagonista se inventó a partir de una anécdota personal del también autor de Yo te conozco, Pasaban en silencio nuestros dioses, La maldita pintura y Rainey, el asesino, entre otros títulos.

Resulta que, hace unos años, un hombre se encontró con una mujer en una fiesta; ellos habían medio salido y de repente ella se fue del lugar, y le dijo a este hombre: “Ahorita vuelvo’; pero cuando regresó lo evitó, y anduvo el resto de la noche con otro tipo. La fiesta siguió. Ella decidió irse del lugar, y él comenzó a beber mucho.

Unas horas más tarde, él tomó su coche y se fue a su casa; en el camino se estacionó frente a la vivienda de ella y vio que el automóvil de la mujer estaba mal estacionado, y decidió ver qué sucedía. Bajó del coche, brincó una barda, sin importarle que hubiera dos dóberman, tocó la puerta de cristal, y la chava le abrió y preguntó: “¿Qué estás haciendo aquí?”, y momentos después apareció el otro tipo.

“Todo eso me pasó a mí. Pero Concha —no se llamaba Concha realmente— no era antropóloga, como en la novela El otro amor de su vida, y todo acabó muy bien. Me ofrecieron un café o un ron, ya no me acuerdo, y me fui. De esa experiencia personal nació la idea de que el tipo que estaba con la chica cuando yo llegué a su casa se fuera, y comenzara otra situación totalmente ficticia”.

Concha aparece nuevamente en la vida de Manjarrez en una serie de cuentos que se encuentran en Anoche dormí en la montaña (Ediciones Era), en los cuales aquella mujer que motivara los desvelos de este escritor hace algunos años acompaña narraciones de Londres, Managua, la Sierra Madre Occidental y la Ciudad de México.

Entrevistado por MILENIO, el ganador de los premios Diana Moreno Toscano, Xavier Villaurrutia, José Fuentes Mares, Internacional de Novela de la Diversidad y Nacional de Narrativa de Colima comenta que los cuentos fueron escritos hace muchos años y no estaban concebidos para convertirse en libro. En algunos de ellos el autor emula el tiempo mágico, para que no tengan principio ni fin, y no se sepa si lo que sucede fue antes o después.

En la librería Rosario Castellanos del Distrito Federal —donde Manjarrez interrumpe la charla en dos ocasiones ante la falta de concentración que le produce una mujer que habla a gritos— dice que, a pesar de que escribió estas narraciones sobre lugares en los que ha estado, no le producen melancolía.

“Londres, por ejemplo, es una ciudad en la que viví de 1965 hasta 1971. Cuando estaba ahí trabajando en la BBC era muy divertido: era la época de Los Beatles, era una ciudad abierta, a la que se le estaba quitando lo convencional y el ambiente era muy bueno; después hubo una crisis económica terrible, llegaron los conservadores como Margaret Thatcher, y la ciudad se volvió muy cara y aburrida”, explica.

Sobre el cuento dedicado a Nicaragua el también becario del Centro Mexicano de Escritores y de la Guggenheim Foundation menciona que es el más viejo de Anoche dormí en la montaña, y que lo escribió en la época de la revolución sandinista: “Estuve en ese país en 1982 unos 40 días, porque quería conocer cómo era una revolución, cómo se vivía, cómo se trabajaba y, sobre todo, quería saber qué iban a hacer los revolucionarios con el poder”.

— EMILIANO BALERINI CASAL