12 de mayo de 2013 / 09:53 p.m.

Ciudad de México • El Papa Francisco canonizó a la Madre Lupita, la segunda mexicana que “tiene el honor de alcanzar la gloria de los altares” y que ha sido agregada al libro de los santos, informó la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), órgano colegiado que reúne a todos los obispos del país.

El texto, firmado por el cardenal José Francisco Robles Ortega, presidente de la CEM y Arzobispo de Guadalajara, y por Monseñor Eugenio Lira Rugarcía, secretario General del organismo y Obispo Auxiliar de Puebla, señala que “"contemplar en los altares a una cristiana, nacida en nuestra patria, es un regalo extraordinario que nos llena de esperanza; nos hace descubrir que la santidad, que consiste en la perfección del amor a Dios y al prójimo, no es una meta inalcanzable, sino algo a lo que podemos llegar si respondemos con generosidad a la gracia divina"”.

“"La Madre Lupita es ejemplo del amor a Dios y al prójimo. Ese amor que hace la vida plena en esta tierra y eternamente feliz en el cielo. Aprendamos de su ejemplo para ser de verdad discípulos y misioneros de Cristo, sin dejarnos desalentar por la adversidad"”.

La Conferencia del Episcopado Mexicano también invitó a los señores obispos, a los sacerdotes, diáconos, personas consagradas, seminaristas y fieles laicos a agradecer a Dios el don de la canonización de la Madre Lupita, participando este domingo en la celebración de la Santa Misa en las catedrales de sus diócesis, en sus parroquias o en las iglesias más cercanas.

“"Pidamos la intercesión de la Madre Lupita, para que siguiendo su ejemplo, seamos cada día verdaderos discípulos y misioneros de Cristo"”.

Anastasia Guadalupe García Zavala nació en Zapopan (Jalisco, México) el 27 de abril de 1878. Su padre, Fortino García, tenía una tienda de objetos religiosos frente a la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan.

Por ello, Guadalupe visitaba esta iglesia con mucha frecuencia, y desde pequeña mostró un profundo amor a los pobres y a las obras de caridad. Tenía fama de ser una joven agradable y simpática, sin dejar de ser sencilla y transparente en su trato, amable y servicial. Tuvo un noviazgo con Gustavo Arreola, pero a la edad de 23 años sintió el llamado de Dios para consagrarse a la vida religiosa, sobre todo en la atención a los enfermos y a los pobres.

Le confió esta inquietud a su director espiritual, Cipriano Íñiguez Martín del Campo, sacerdote muy joven, quien, a su vez, le dijo que él había tenido la inspiración de fundar una congregación religiosa para atender a los enfermos del hospital que había fundado un par de años atrás el P. José Salomé Gutiérrez, y la invitó a comenzar esta labor. Así fue que, entre los dos, fundaron la Congregación Religiosa de Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres.

“"Convencer a mi familia de la resolución que había tomado (de ser religiosa) me costó mucho trabajo; sobre todo, convencer a mi mamá. Eso no pude lograrlo. Me decía que irme al Hospital de la Beata Margarita era una locura, porque allí no había nada. Mi papá fue el primero en comprenderme y fue él quien me acompañó para entregarme el 13 de octubre de 1901"”.

Al inicio, cuando se fundó la congregación, la madre Lupita era la única miembro. Ejerció el oficio de enfermera, arrodillándose para atender a los primeros enfermos en el hospital, que al inicio carecía de muchas cosas; sin embargo, siempre derrochó ternura y compasión, procurando, especialmente para los pacientes, un buen cuidado en la vida espiritual.

Después de varios años, y ya con más mujeres en la congregación, fue elegida Superiora General, cargo que mantuvo durante toda su vida y, aunque provenía de una familia de un buen nivel económico, se adaptó con alegría a una vida extremadamente sobria y enseñó a las hermanas de la congregación a amar la pobreza para poder donarse más a los internados.

En un período de graves dificultades económicas en el hospital, pidió permiso a su director espiritual para salir a mendigar por las calles y, obtenida la autorización, lo hizo junto con otras hermanas durante varios años, hasta que se solucionaron los problemas para sustentar a los enfermos.

El marco político-religioso en México fue grave desde 1911 hasta 1936, porque la Iglesia fue perseguida, sobre todo durante el período más sangriento, de 1926 a 1929.

En ese tiempo de persecución en México contra la Iglesia Católica, arriesgando su vida y la de sus compañeras, la Madre Lupita escondió en el hospital a algunos sacerdotes, e incluso al Arzobispo de Guadalajara, monseñor Francisco Orozco y Jiménez. Por otra parte, las hermanas ofrecían alimento y curaban de sus heridas a los soldados perseguidores.

Por este motivo, los militares que estaban acuartelados cerca del hospital no sólo no molestaban a las religiosas, sino que hasta las defendían, lo mismo que a los enfermos. Durante su gobierno como superiora, se abrieron once fundaciones en la República Mexicana.

El 13 de octubre de 1961 celebró su 60 Aniversario de Vida Religiosa; sin embargo, para entonces ya padecía de una dolorosa enfermedad, que en dos años más la llevó a la muerte. Falleció el 24 de junio de 1963, en Guadalajara, a la edad de 85 años, con fama de santidad.

Después de su muerte, siguió creciendo la congregación; en la actualidad, las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres cuentan con 22 casas en México, Perú, Islandia, Grecia e Italia.

BLANCA VALADEZ