7 de marzo de 2013 / 11:35 p.m.

Bajo el título "Círculo de tambores", la percusionista Rosaura Grados Chavarría, busca reunir a niños con debilidad o pérdida visual con el propósito fomentar la inclusión e integración social a través de la igualdad.

 México • Un espectáculo de música centrado en el crecimiento y desarrollo personal y comunitario de niños invidentes o con debilidad visual, se presentará hasta el 24 de marzo en la Pérgola de la Escuela Superior de Música, del Centro Nacional de las Artes (Cenart).

Bajo el título "Círculo de tambores", el proyecto congrega a decenas de niños con ceguera y debilidad visual alrededor de varios tambores y, mediante la música y el ritmo, denotan una exploración sobre sus habilidades como la cooperación, el desenvolvimiento y la comunicación en grupo.

Forma parte del programa "Música para todos", dirigido por la percusionista Rosaura Grados Chavarría, quien pretende a través de esta actividad crear un esquema de sensibilización a la música e integración social, enfocado a niños, jóvenes y adultos con ceguera, debilidad visual y auditiva, informó a través de un comunicado el Cenart.

"Sacar al músico que todos llevan dentro" es uno de los objetivos de esta iniciativa que busca eliminar las prácticas e inercias que limitan el acceso a la cultura musical, el desarrollo y el aprendizaje, sin distinción de raza, sexo o condición física.

Rosaura Grados explicó que "Música para todos" tiene como objetivo "promover y fomentar la inclusión e integración social a través de la igualdad en el acceso a la cultura musical para toda la población, buscando combatir la discriminación cultural y la exclusión social de grupos vulnerables que por su condición física o social suelen ser objeto de discriminación en nuestro país".

Granados buscó diversas estrategias didácticas para que sus alumnos asimilen ese primer recuerdo auditivo, mediante las percusiones del tambor. De este modo compensa y potencializa el proceso de aprendizaje de los niños con problemas visuales.

Asimismo, comentó que el trabajar con niños invidentes, con debilidad auditiva e incluso con autismo, le permitió llegar a la conclusión que el tener una discapacidad no es una limitante para el aprendizaje musical.

La percusionista admitió que "la música no es la panacea que remediará todos los males de este mundo", pero se dijo convencida de que a medida que más personas puedan comprender el significado y la belleza del arte a través de la música se contribuirá a reducir la desigualdad en la sociedad, no sólo la económica, sino también la cultural.

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