28 de agosto de 2013 / 12:56 p.m.

Ciudad de México  • Investigadores de la UNAM se encuentran en proceso de diseño y construcción de una planta piloto para la producción de biodiésel de calidad, a partir de aceites comestibles de desecho recolectados en restaurantes y hoteles del Distrito Federal; el producto obtenido sería utilizado en el transporte público de la Ciudad de México.

Mediante esta planta piloto, que será instalada en los talleres de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) del Distrito Federal, se prevé la producción de dos mil litros diarios del biocarburante en un lapso de una hora. La calidad y materia prima serán avaladas por un laboratorio que se pretende establecer en la Facultad de Ingeniería, que podría constituir el primero y único en su tipo en el país, indicó Alejandra Castro González.

La académica del posgrado de Ingeniería resaltó la importancia de garantizar la calidad de la materia prima (aceite vegetal de reúso) y del biodiésel producido, para el buen funcionamiento de los camiones, porque un combustible de mala calidad dañaría los motores. “No existe en México un laboratorio certificado para medir específicamente la calidad, y a partir de este proyecto podrá instalarse el primero y único en la UNAM”.

Uno de los sectores que mayor número de contaminantes produce a nivel global es el transporte (36 por ciento). En el país constituye un problema “que buscamos atacar con el uso de elementos limpios”, apuntó.

La nuestra es una de las 11 naciones más importantes en la producción y consumo de aceite vegetal; aquí se generan 1.89 millones de toneladas anuales en promedio y el consumo per cápita es de 22.5 kilogramos.

Sin embargo, dijo, hasta el momento se desconoce la cantidad de aceite residual que se genera, en particular en la Ciudad de México, “por lo que parte de este estudio será determinar el volumen que desechan restaurantes y hoteles”.

En establecimientos de Ciudad Universitaria hemos realizado una investigación al respecto; “algunos tiran 70 por ciento y otros sólo 20 por ciento, de lo que se deduce que hay locales que cocinan más sano que otros”, apuntó.

El proyecto Estudio, diseño e implementación de una planta piloto para la producción de biodiésel a partir de aceites comestibles usados, es financiado por el Fondo Mixto Conacyt-Gobierno del Distrito Federal y se divide en cuatro etapas: cuantificación del aceite de desecho en la urbe para convertirlo en biodiésel, en la que participarán los Institutos de Ingeniería e Investigaciones Económicas de esta casa de estudios.La segunda fase consiste en el diseño, construcción, arranque y operación de una planta piloto en las instalaciones de la RTP, que contempla la capacitación para su manejo. “Será totalmente automatizada, el diseño ya está hecho y vamos a replicar la planta que donó la empresa Biofuels de México y a la que hemos aplicado mejoras”.

La tercera será el establecimiento de un laboratorio para medir la calidad de la materia prima y del biocombustible generado, para lograr la exigencia que marca la norma internacional ASTM 6751. Este espacio contará con el equipo analítico necesario para evaluar esos parámetros y, más adelante, se buscará la certificación correspondiente.

En la cuarta etapa se medirán las emisiones de los camiones de la RTP, antes y después del uso de biodiésel en el corto, mediano y largo plazos. Al final, se realizará un estudio de factibilidad técnico, económico y ambiental.

La universitaria informó que también participarán investigadores de la Facultad de Química, del Centro de Ciencias de la Atmósfera y del Instituto de Ingeniería.

Los beneficios del biodiésel

En su estructura, el biodiésel contiene moléculas de oxígeno que permiten que el motor realice una combustión completa y, por lo tanto, un mejor aprovechamiento del combustible. Al haber un mejor proceso, disminuye la cantidad de gases de efecto invernadero.

Además, limpia la maquinaria de los camiones, “elimina las incrustaciones que tuvieron durante los años de operación y, de manera automática, brinda una mejor combustión y eficiencia, así como la disminución en el consumo de combustible por kilómetro, lo que se traduce en una menor mano de obra y la reducción del costo por mantenimiento”, explicó Castro González.

No se trata de la sustitución total del diésel por biodiésel, sino mezclas de ambos para las unidades más viejas, en una proporción de 95/5 por ciento; 90/10 por ciento y 85/15 por ciento, aclaró. “Los camiones de modelo reciente no pueden usar este producto porque tienen un convertidor catalítico y de hacerlo perderían la garantía que les otorga la empresa automotriz”, detalló.

 — Redacciòn.