15 de enero de 2013 / 04:13 p.m.

Mónica Meraz Rodríguez, investigadora mexicana de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), encabeza un proyecto que pretende detener el deterioro que producen los microorganismos en las zonas arqueológicas mayas.

Para realizar este trabajo que inició en enero de 2011, la doctora del Departamento de Biotecnología escogió el sitio arqueológico de Toniná, Chiapas, debido a que halló que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ya realiza en Palenqueun estudio similar.

La investigación tiene un doble objetivo: el primero es la realización de un estudio científico, donde se pueda detectar cuáles son los microorganismos que se encuentran en los sitios, cómo sobreviven, cuál es su ciclo de vida y que capacidades metabólicaspresentan; el segundo aspecto tiene un contenido social relacionado con la mejor forma de preservar las zonas arqueológicas, explica Mónica Meraz.

“"Conocemos alrededor de 10 por ciento de la información que hay sobre las zonas arqueológicas mayas.

El resto lo ignoramos porque además de no haber sido posible descifrarlo, los estamos perdiendo debido a los microorganismos que biodeterioran los monumentos”", comenta.

En entrevista menciona que muchos sitios de la zona maya en Yucatán, Chiapas, Guatemala, Honduras y Belice están construidos en piedra caliza, material del que está hecho el suelo en esa región: "“Esta piedra se hace polvo fácilmente, por lo que al intentar limpiar los microorganismos o restaurar las pirámides, los monumentos, los murales y los bajos relieves, los grabados o inscripciones se pierden"”.

“"Al iniciar los trabajos me di cuenta que los monumentos de Toniná están manchados de color verde, negro y café. Entendí que estas manchas provenían de los microorganismos, por lo que me dio curiosidad saber cuál es el periodo de vida que mantiene a estos microorganismos en esas zonas y por qué buscan esas zonas”", dice.

Hasta el momento, la académica ha encontrado cuatro tipos de microorganismos: microalgas, los cuales son microorganismos fotosintéticos que obtienen su energía de la irradiación solar, de nutrirse del ambiente, de fijar el carbono en la atmósfera y que con su muerte sirven de alimento para otros organismos, como los hongos; los hongos que después de vivir de las microalgas, crecen, se reproducen y generan metabolitos primarios y secundarios, compuestos orgánico como el ácidos cítricos, ácido acético, etanol, acetona que disuelve piedra caliza; líquenes, que son asociaciones de hongos y microalgas, que dejan manchas amarillas o cafés macroscópicas sobre la piedra caliza, y que al intentar quitarla se destruye la pintura original y el estuco, lo que impide su estudio; y las bacterias que requieren condiciones de humedad importantes y nutrientes y que contribuyen con lo que producen y consumen al biodeterioro.

Al cuestionársele si después de los estudios que ha realizado durante más de dos años, ya es posible encontrar una sustancia que acabe con los microorganismos sin deteriorar los sitios arqueológicos, Meraz Rodríguez responde que trabaja con la restauradora Mónica Vargas, de la Coordinación de Conservación de Monumentos y Patrimonio Cultural del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien siempre le pregunta: "“¿de qué es esta mancha rosa? ¿estas manchas grises o cafés qué significan?”".

"“Los restauradores, tienen una idea de las sustancias que pueden emplear dependiendo el microorganismo que invade el monumento, pero lo que requieren saber es qué microorganismo está produciendo esa mancha. Por lo tanto, nuestra asociación laboral es muy interesante, porque mientras nosotros les podemos decir el tipo de microorganismos que esta invadiendo la región, ellos pueden buscar las sustancia necesaria para erradicarlos antes de que dañen el monumento”", destaca.

En una segunda etapa del estudio se tiene contemplado analizar el ciclo de vida de cada microorganismo, con el objetivo de inhibir su desarrollo. Este trabajo se realizará con la ficóloga Mónica Rodríguez, quien es experta en microalgas. "“De las muestras de piedra solo se puede saber qué tipo de microalgas son, pero si las cultivamos en medios propicios podemos observar su ciclo de vida y así saber en qué momento están en su fase de reproducción y en qué momento crecen"", explica.

— EMILIANO BALERINI CASAL