JESÚS ALEJO SANTIAGO
12 de julio de 2013 / 01:37 p.m.

México• Jorge Humberto Chávez nació en Ciudad Juárez en 1959. Aguantó lo años más duros, difíciles, pero al final la realidad lo obligó a buscar otros escenarios: a principios de 2011 aceptó un empleo en San Luis Potosí y en la actualidad se encuentra en Zacatecas, una distancia geográfica que le permitió escribir un poemario que le dio el premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2013.

Su título: Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto (FCE/CNL-INBA, 2013), que, en palabras del jurado, “posee un lenguaje seco y de alta densidad poética, con el que hace una crónica precisa de la atmósfera trágica que vive una zona de México, en específico, la frontera norte de nuestro país”.

“El libro habla de personas y el telón de fondo en el que se mueven es el México violento del sexenio calderonista, las alusiones a la violencia están trabajadas en base a un lenguaje que más que evidenciar las señales de esa violencia, las sugiere; así por ejemplo, hay un poema que se llama ‘El hombre de shorts blancos me hace pensar en mi padre’, que narra el encuentro de un joven con un ejecutado cuando iba a ver a su novia.”

La lejanía y el paso del tiempo le permitieron contar ese pasado a través de la poesía: cuando estaba en San Luis Potosí todo su pensamiento estaba en Ciudad Juárez; en la ciudad fronteriza, más preocupado en vivir y en sobrevivir, “en eludir los bares peligrosos, en evadir a quien piensas que te sigue”, comenta Chávez en entrevista con MILENIO.

“Hubo un tiempo en que después de las ocho de la noche no veías a nadie en la calle y 80 por ciento de los bares estaba cerrado; por eso fue necesario estar lejos para ponderar los diferentes datos de aquella realidad. No había dolor en lo privado; lo que más me tocó en la ola de crímenes fue la muerte de amigos. Lo que había era un desencanto porque todo se fue al demonio en seis años.”

Autor de títulos como La otra cara del vidrio, Nunca será la medianoche o La lluvia desde el puente, el escritor juarense siempre había estado preocupado por la forma en su poesía, aun cuando reconoce que en el libro que le dio el Premio Aguascalientes está una apuesta más testimonial.

“Recoge datos de la realidad inmediata, fácilmente comprobables, al tiempo que ofrece una paleta de colores: es un testimonio poético, no periodístico, aunque al final se trata de un poemario trabajado con materiales de la realidad.”

Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto se convirtió en una herramienta para darle voz a quienes intentaron mantenerse en Ciudad Juárez, luchar contra las circunstancias, aun cuando, como le sucedió al poeta, no siempre se tuviera éxito en el esfuerzo.

“Se trata de un libro constituido a base de crónicas y trabajado con un versículo, con un lenguaje muy preciso, deliberadamente parco”, cuenta el poeta, quien casi al final del volumen ofrece un acercamiento a su intento poético: “Canta la ciudad en su negro color y en su hueco grande y hondo solo se escucha el rumor de la palabra”.