ENVIADA ESPECIAL: MARTHA CEDILLO -  @MARTHACEDILLO
5 de agosto de 2016 / 10:43 p.m.

La llama del fuego olímpico fue encendía, ahora en Río de Janeiro y por primera vez en América Latina, ¿pero cómo vivió Brasil la máxima fiesta deportiva en los alrededores del emblemático estadio Maracaná?

Desde temprano las calles a la redonda del inmueble fueron cerradas para tener un mejor control; el único acceso posible para el público en general fue el Metro en su estación Maracaná.

Apresurados y con boleto en mano, los miles de personas que llenaron el inmueble atendían las indicaciones de los voluntarios que a voz de cuello guiaban a los paseantes. Miles de elementos de seguridad resguardaron los alrededores brindando la seguridad que se requería para tal magno evento.

La gente de los alrededores salió a ver los fuegos artificiales porque contrario a otras inauguraciones deportivas en esta ocasión no se contó con la pantalla de transmisión para compartir la fiesta con quien no tenía boleto.

Los danzantes y participantes de la inauguración salieron pronto, incluso antes de que el fuego olímpico fuera encendido, no obstante la emoción transpiraba en su piel.

En las afueras, la gente disfrutaba por igual a pesar de no tener opción de ver algo de la inauguración, aguardando los juegos pirotécnicos que daban por concluida la ceremonia de apertura.