CORTESÍA LA AFICIÓN
19 de agosto de 2016 / 07:43 p.m.

La marchista mexicana Lupita González recibió su medalla de plata, que ganó en la marcha 20 kilómetros, en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Las chinas Liu Hong, Lü Xiuzhi, oro y bronce, respectivamente, compartieron el podio.

Sonrisa y agradecimiento a toda una nación, la segunda presea de la delegación en los Juegos, después del bronce del boxeador Misael Rodríguez.

Originaria de Tlalnepanta, en los lindes de la ciudad de México, la nueva heroína del deporte latinoamericano fue una boxeadora del peso mínimo que daba ventaja a los rivales en la báscula, razón por la cual dejó de pelear y comenzó a correr los 400 metros para intentar ser como la campeona mundial de 2003 Ana Guevara.

En la vuelta a la pista 'Lupe' mostró falta de talento, apenas marcó 58.00 segundos en sus días buenos hasta que una lesión de meniscos la sacó del juego y el médico le sugirió practicar caminata como forma de recuperarse.

Su progresión fue telúrica. En abril del 2013 cubrió los 20 kilómetros en 1h.37:04, en Veracruz, en febrero de 2014 mejoró a 1h.33:42, y el 3 de mayo de aquel año, en la tercera competencia de su vida, implantó plusmarca mexicana con 1h 28:48 en la Copa del Mundo de Taicant, China.

En julio del 2015 Guadalupe resucitó luego de que su cuerpo quedó inerte después de ganar los Juegos Panamericanos y desmayarse en la meta y el pasado 7 de mayo pasado la delgada deportista de ojos pequeños se presentó en la alta sociedad del atletismo al mejorar su tiempo a 1h 26:17 y ganar la medalla de plata en el Mundial por equipos, a sólo 21 segundos de la china Hong Liu.

Este viernes, en el circuito "El Pontal", al lado de la playa que mostraba un azul mesurado, González le plantó cara a Liu y estaba al lado de la china a 20 metros de la meta, en la que la mexicana se retrasó por apenas dos segundos y con su plata acabó con la sequía de la caminata mexicana de 16 años sin una medalla olímpica

"No elegí a la caminata, ella me eligió a mí", dijo la ingeniera informática que eligió superarse a sí misma de una manera diferente a la de la mayoría de los atletas de su país, alejada del ruido de las redes sociales y de la mano de un humilde entrenador que no vino a Río porque tiene miedo a volar en aviones.

En unos Juegos Olímpicos en los que los mexicanos han perdido por lo menos tres medallas por fallar en los momentos de presión, 'Lupe' subió la parada a las favoritas chinas y después de tutearlas anunció a los medios que, si no estaban dopadas, le hubiera gustado competir en Río contra portentosas rusas.

"Yo me preparé para un objetivo estuviera quien estuviera, ojalá hubieran venido porque así mi medalla habría lucido todavía más", dijo y sin darse cuenta delató la clave de su triunfo, una especie de sexto sentido para meterse en situaciones de peligro.

Con 26 años, siete meses y 10 días de nacida, Guadalupe González ha logrado el milagro mayor de México en los Juegos Olímpicos de Río, pero ha reaccionado como si hubiera ganado un campeonato nacional porque cree que sus verdadera proeza la logró hace semanas cuando siguió al entrenador Hernández como a un abuelo y se fue con él a una montaña con nieve donde se entrenó casi hasta el desmayo.

México, tan amante de sus deidades, este viernes ha recibido su mejor alegría deportiva de los últimos cuatro años de la mano de una de sus hijas con nombre sagrado, pero el milagro no llegó por la gracia de un ente espiritual sino de una mujer de carne y hueso y con muchas cicatrices.

"Sufro una lesión lumbar crónica que puedo tolerar pero es para siempre; sé que el dolor es temporal y la satisfacción durará toda la vida. Eso ayuda", dijo poco después de ganar la medalla y envolvía en un traje deportivo color blanco su piel cobriza, como la de la virgen adorada por los mexicanos.