6 de abril de 2013 / 12:09 a.m.

Chiapas • Ella siempre tiene una sonrisa en el rostro. Él, un saludo a quien pasa cerca. Ella, tímida y callada, le gusta expresar sus pensamientos a través del violonchelo. Él, alegre, expresivo, hace con su guitarra la cadencia de llevar a quien lo escucha por un viaje musical.

Él es un padre orgulloso, se le nota cuando la abraza con esa mirada un tanto vanidosa. Ella, una hija agradecida. Ambos forman el dúo “Karla y Rafael Jiménez”. Un orgullo de la Universidad Veracruzana.

Xalapa, la capital de Veracruz, es considerada una ciudad cultural. Sus calles huelen a ese café de montaña combinado con el aroma del bosque que desciende desde el Cofre de Perote. Esas avenidas pequeñas siempre en subida, combinan con las casas rústicas de la llamada Atenas veracruzana.

Es ahí donde desde hace unos años, Difusión Cultural de la máxima casas de estudios, la UV, ha logrado formar generaciones que ahora dan fruto y ponen en alto a un estado lleno de magia, color y, sobre todo, música.

Karla se transforma cada concierto. Pasa de ser esa joven callada en una entrevista, quien sonríe de manera sincera. A ser una mujer seria, con una pasión que se desborda en su mirada. Los movimientos con que desliza el arco entre las cuerdas, son como un baile. Un baile entre notas musicales.

Un músico se expresa mejor con su talento. Y es sobre un escenario cuando Karla dice las tristezas, alegrías, deseos que creadores de música clásica como Bach, Tchaikovski, Mozart, entre otros, plasmaron en sus obras.

Rafael no ríe más. No es el mismo que saluda en la calle a quien le dirija la mirada. Su risa se transmite en la guitarra. Es donde se entiende cómo desde 1978 lleva la Dirección del Ensamble Clásico de Guitarras de la UV.

Jiménez Rojas se pierde en el pentagrama. En sus conciertos, los espectadores se vuelven testigos casi invisibles de una simbiosis entre el músico y las notas. Y esa mano izquierda que desciende con precisión milimétrica en los trastes de la guitarra. Y esa diestra que brinca, que danza y roza las cuerdas para lograr arpegios que, como máquina del tiempo, nos trasladan a épocas de caballeros y princesas, donde ves a los clásicos de la música disfrutar de la interpretación.

Existe una anécdota de Johann Sebastian Bach, donde decía de sus más grandes obras para música sacra eran sólo “prácticas de piano”, y desde ahí se conoce que para ser un hombre grande, la humildad es requisito básico.

Así es Rafael. Así es Karla. Después de cada concierto, ya abajo, después de la magia, vuelve esa mirada dulce y serena a escuchar las ovaciones que le dedican a su talento y sin presunción ni falsa humildad, agradece las atenciones.

Rafael continúa sonriendo y saludando. Continúa siendo el padre orgullo y el esposo que alegre se hace acompañar de su mujer en sus conciertos.

Esto es el resultado de un trabajo que en los tiempos que Manuel Cepeda estuvo al frente de Difusión Cultural, supo explotar para que ahora sean generaciones de talentos los que ponen en alto el nombre de la Universidad Veracruzana.

Es Manuel, quien ahora tiene la encomienda del Centro de Convenciones y Visitantes del Estado de Chiapas, el que, conociendo a estos virtuosos, consiguió se presentaran en el Primer Festival Nacional de Música Sacra realizado en Chiapa de Corzo y San Cristóbal, del 31 de marzo al 7 de abril.

JUAN DE DIOS GARCÍA DAVISH